La quema de cuetes se ha arraigado como una tradición en México, un espectáculo que atrae a millones de personas durante festividades. Sin embargo, este deleite pirotécnico también conlleva riesgos significativos para la salud y el medio ambiente. Cada año, hospitales son testigos de la llegada de pacientes con lesiones relacionadas con fuegos artificiales, lo que ha llevado a las autoridades a emitir recomendaciones claras para minimizar estos peligros.
La Secretaría de Salud del Gobierno de México ha resaltado, por ejemplo, que los niños deben ser solo observadores. Nunca deben estar en contacto directo con fuegos artificiales, y se debe asegurar que no los manipulen de ninguna manera. Este consejo es vital, ya que los accidentes ocurren con frecuencia cuando los niños están involucrados.
Otro punto esencial es el almacenamiento seguro de los cuetes: deben estar en lugares frescos y secos, lejos de fuentes de calor y humedad. Además, es fundamental que quienes manipulan productos pirotécnicos se laven las manos después de tocarlos para evitar cualquier riesgo de inflamación o reacción.
Las autoridades también advierten enérgicamente sobre lo que se debe hacer si un cohete falla. En lugar de intentar volver a encenderlo, lo correcto es mojarlo completamente y esperar al menos cinco minutos antes de descartarlo, ya que puede explotar de forma inesperada. Asimismo, los residuos de fuegos artificiales deben ser vigilados para evitar incendios, especialmente en zonas cercanas a tanques de gas.
Lamentablemente, las quemaduras son solo una de las preocupaciones asociadas con la pirotecnia. Existen lesiones más graves, como daños oculares que pueden resultar en cicatrices permanentes o incluso ceguera. Hay informes de personas que han perdido extremidades por no soltar un cuete a tiempo y, en los casos más trágicos, se han registrado muertes. Además, los fuegos artificiales representan un alto riesgo de incendios en hogares y vehículos, convirtiendo así una celebración en un evento aterrador.
En medio de esta realidad, es crucial recordar que la diversión no justifica la falta de precaución. Las advertencias y consejos de las autoridades deben tomarse en serio para asegurar que las festividades se mantengan seguras y agradables. La tradición de los cuetes puede continuar, pero siempre bajo el marco de la responsabilidad y el respeto por la seguridad de todos.
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