Nadie se atreve a expresarlo abiertamente, pero en el seno de Morena algunos líderes consideran que la esperada reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum ha quedado relegada a un segundo plano. Fuentes dentro del partido indican que lo único probable que se pueda aprobar es una enmienda constitucional significativamente reducida, que no abordará los aspectos más controvertidos de la propuesta original: la disminución del financiamiento a los partidos y la eliminación de las diputaciones plurinominales. La resistencia, en gran medida, proviene de los socios de Morena, como el PVEM y el PT, quienes dependen en gran medida del financiamiento público y de la negociación de espacios en el Congreso.
Desde el interior del oficialismo, voces críticas sugieren que el apoyo de estas fuerzas aliadas era poco probable desde el inicio, dado su interés por mantener estructuras que les benefician. Esta realidad refleja la tensión entre el pragmatismo necesario para gobernar y la visión de cambio que sostiene la presidenta, quien ha enfrentado numerosas dificultades en su mandato. Sus esfuerzos por avanzar grandes iniciativas han estado acompañados de fricciones internas, obligándola en ocasiones a ceder o imponer su voluntad.
A pesar de estos desafíos, la reforma electoral aún no se ha definido en un borrador concreto, a pesar de meses de trabajo conjunto entre un selecto grupo de colaboradores, académicos y activistas. Los líderes del PVEM han mantenido una postura reticente, mientras que el PT ha manifestado su apoyo de manera más privada, mostrando su rechazo a cualquier propuesta que comprometa sus intereses.
Con el marco de la coalición gobernante compuesto por diferentes ideologías, Ignacio Mier, vicecoordinador de Morena en el Senado, destaca que las discrepancias son parte natural de un movimiento donde la diversidad de posturas forma parte del tejido del partido. La mayoría calificada que posee el oficialismo en el Senado es frágil, ya que cuenta con 86 escaños, donde cada voto tiene el potencial de decidir el destino de una reforma.
Un ejemplo de esta dinámica son las polémicas en torno a la ley contra el nepotismo, cuya implementación se ha visto retrasada debido a intereses personales de miembros dentro de la propia coalición. Por ejemplo, la familia del coordinador de Morena en la Cámara Baja, Ricardo Monreal, busca mantener poder político en Zacatecas, mientras que el gobernador del PVEM en San Luis Potosí también intenta favorecer a su esposa.
A pesar de su posición, la presidenta Sheinbaum no está desprovista de poder ni es completamente dependiente de sus aliados. En momentos clave, ha demostrado su determinación. Una intervención notable ocurrió cuando se impidió que una reforma a la ley en San Luis Potosí, que permitía la candidatura de la esposa de un gobernador del PVEM, avanzara, tras un análisis legal que sugirió su inconstitucionalidad.
La reforma al amparo, otra de sus prioridades, surgió de diferencias en su círculo más cercano, lo que llevó a la aprobación de una cláusula controvertida en el Senado. La intervención de la presidenta fue crucial para realinear el rumbo del proyecto. También han surgido complicaciones en la ley de telecomunicaciones, donde la redacción ambigua provocó preocupación tanto en la oposición como en los mismos oficiales, llevando a la presidenta a suspender su avance.
Finalmente, la reforma a la Ley General de Aguas, que buscaba reordenar las concesiones históricas, encontró resistencia por parte de los productores afectados. La falta de habilidades para crear consenso en este caso reveló más sobre las tensiones interpartidistas que los propios intereses de la presidenta.
Así avanza el engranaje legislativo en el periodo de Sheinbaum, con momentos de avance armónico y otros de desacuerdos marcados. Algunos interpretan este fenómeno como una señal de indisciplina dentro de la coalición; otros lo ven simplemente como una complejidad inherente a la política contemporánea.
Esta situación refleja el delicado equilibrio que debe mantener Morena en su tarea de transformar el panorama electoral, mientras trata de satisfacer a sus diferentes facciones internas. La incertidumbre sigue latente respecto a si alguna vez se logrará una reforma electoral que cumpla con las expectativas de cambio que se habían prometido.
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