Un tenso enfrentamiento tuvo lugar en el Zócalo de la Ciudad de México, donde un grupo de vendedores ambulantes se encontró cara a cara con elementos de la policía capitalina. La confrontación fue consecuencia de un operativo de desalojo implementado por las autoridades, quienes buscaban regular la venta informal en una de las áreas más icónicas y turísticas de la capital.
Los vendedores, algunos de los cuales llevan años trabajando en la zona, expresaron su descontento y frustración ante la situación. Afirmaron que la venta ambulante es su única fuente de ingresos y critican las políticas de reubicación promovidas por la alcaldía. En respuesta a la orden de desalojo, los comerciantes improvisaron barricadas y realizaron protestas, lo que derivó en un clima de tensión que atrajo la atención de transeúntes y medios de comunicación.
En este contexto, los enfrentamientos se intensificaron, culminando en empujones y gritos. Las autoridades, por su parte, dejaron claro que el objetivo del operativo es recuperar el espacio público, que a menudo se ve saturado por la presencia de vendedores informales, lo que genera incomodidad entre los visitantes y residentes. Este tipo de intervención ha sido habitual en el Zócalo, donde la mezcla de un patrimonio cultural y la economía informal plantea un reto constante.
Numerosos comerciantes señalaron que la falta de alternativas laborales y la escasa oferta de empleos formales les han llevado a depender de la venta ambulante. Exigieron un diálogo abierto con las autoridades, buscando soluciones que permitan a los vendedores permanentes continuar con sus actividades sin conflictos, al tiempo que se respete la integridad del espacio público.
El incidente en el Zócalo no es un caso aislado. A lo largo de los años, la regulación del comercio ambulante ha generado controversias y protestas en diversas partes de la ciudad. Las dinámicas entre la necesidad de mantener un espacio público libre y ordenado y los derechos de los vendedores informales continúa siendo un tema candente en la agenda local.
La situación aún es tensa y podría escalar si no se encuentran canales de comunicación efectivos entre las partes involucradas. Al mirar hacia el futuro, será crucial que las autoridades consideren enfoques que integren las preocupaciones de los vendedores con la necesidad de mantener el orden y la funcionalidad del Zócalo como un lugar de encuentro y convivencia para todos. Este conflicto refleja un microcosmos de las complejas relaciones entre economía, espacio urbano y derechos sociales en una metrópoli en constante evolución.
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