En las últimas horas, la tensión en Palacio Nacional ha crecido debido a un enfrentamiento público entre el académico Pedro Salmerón y el exsecretario de Desarrollo Territorial, Román Meyer. Salmerón ha acusado a Meyer de dejar obras inconclusas y de supuestas irregularidades, provocando un revuelo en el ambiente político. Sin embargo, los círculos cercanos al presidente explican que el verdadero motor de esta controversia podría estar relacionado con Edna Vega Rangel, la actual secretaria de Sedatu, quien es amiga de Salmerón y tuvo una transición complicada con su predecesor.
En su papel al frente de la Sedatu, Vega ha enfrentado críticas por no haber inaugurado ninguna obra en más de un año de gestión, lo que ha llevado a la percepción de una parálisis en la Secretaría. En este contexto, ha despedido a todos los colaboradores de Meyer, intentando deslindarse de su legado y responsabilizarlo de la falta de actividad.
Las tensiones se incrementaron cuando, hace dos meses, Claudia Sheinbaum elogió públicamente a Meyer por su trabajo en Nayarit, destacando su labor en la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT). Esta situación ha resonado mal en el entorno de Vega, alimentando rumores sobre posibles cambios en el gabinete, incluyendo la posible salida del subsecretario Victor Hoffman, quien podría ser reemplazado por José Alfonso Iracheta, actual director general del Instituto Nacional del Suelo Sustentable (INSUS).
El sentimiento en Palacio es claro: la presidenta trabaja arduamente para mantener la unidad del movimiento, y consideran inapropiado que Vega solicite a su amigo Salmerón atacar a Meyer en una época de complejidades internas. Vale la pena recordar que Salmerón también ha estado envuelto en controversias en el sexenio anterior, cuando su nombramiento como embajador se vio frustrado por acusaciones de supuesta violencia de género.
La situación refleja no solo las tensiones dentro de la administración actual, sino también los desafíos que enfrenta el gobierno en su búsqueda de cohesión y efectividad en la ejecución de proyectos clave. La continuidad y el progreso en Sedatu están en juego, mientras las relaciones entre antiguos y nuevos funcionarios continúan tensas y complicadas, resaltando la intrincada red de lealtades y estrategias políticas que dominan el escenario.
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