El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha dado un giro significativo en la política energética de México, abriendo la puerta al uso de la técnica de fracking o fractura hidráulica, la cual había sido prohibida por su predecesor, Andrés Manuel López Obrador. Este nuevo enfoque tiene como objetivo reducir la dependencia del país en las importaciones de gas natural provenientes de Estados Unidos. Sin embargo, este cambio ha suscitado un intenso debate tanto dentro del partido en el poder, Morena, como en la opinión pública en general.
Internamente, la decisión representa una ruptura con el tabú establecido por la figura emblemática de la izquierda mexicana. A nivel externo, las preocupaciones son dobles. Algunas voces argumentan que el fracking es esencial para alcanzar la autosuficiencia energética, mientras que otros advierten sobre sus graves repercusiones medioambientales y su impacto sobre las comunidades locales. Se ha reunido a seis expertos, tres a favor y tres en contra, para ofrecer una visión exhaustiva sobre las implicaciones de este cambio.
Alfredo Guzmán, exsubdirector de Exploración en Pemex, ha reconocido que el fracking no es una técnica nueva en México, ya que se utiliza desde la década de 1960. Afirmó que hay abundantes reservas de gas en el norte del país, y que su explotación podría generar significativos ingresos. Resaltó que esta técnica es segura y sostenía que no implica el uso de agua potable, utilizando en su lugar agua residual del yacimiento.
Por el contrario, Beatriz Olivera, vocera de la Alianza Mexicana contra el Fracking, ha expresado preocupaciones sobre los efectos ambientales de esta práctica. Su análisis se basa en datos que sugieren que el fracking puede consumir entre 5,7 y 60 millones de litros de agua por proyecto, atentando contra el acceso al agua potable y la agricultura. Olivera también advirtió sobre el riesgo de sismos y fugas de metano derivados de esta técnica, lo que exacerbaba la crisis climática.
Ariel Valenzuela, excoordinador de Terminaciones y Productividad de Pozos en Burgos de Pemex, argumentó que la dependencia del gas estadounidense es una preocupación de seguridad nacional. Aseguró que el fracking, para ser viable, requiere de inversiones constantes y beneficios para las comunidades locales que a menudo se ven afectadas. En este sentido, la inversión en infraestructura relacionada con el fracking podría generar empleo y desarrollo regional.
Por su parte, Pablo Ramírez de Greenpeace, enfatizó que la discusión sobre el fracking debe centrarse en los verdaderos beneficiarios de la soberanía energética. Afirmó que esta soberanía no se traduce en bienestar para la población que enfrenta pobreza energética, y sugirió que el futuro debería inclinarse hacia energías renovables más equitativas.
Luca Ferrari, investigador del Instituto de Geociencias de la UNAM, advirtió sobre la viabilidad económica y ambiental del fracking en el contexto de la creciente crisis climática. Mencionó que, a pesar de la prometida reducción de dependencia energética, México sigue importando un gran porcentaje de su gas, lo que cuestiona la verdadera “soberanía energética” que se busca alcanzar.
Mientras tanto, Alma Porres, expresidenta de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, defendió la importancia de regulaciones estrictas para mitigar los daños ambientales. Propuso que el Gobierno debe garantizar la seguridad y cumplir con las normativas que aseguran prácticas responsables en la extracción de hidrocarburos.
Con el trasfondo de estas discusiones, el futuro energético de México parece enfrentarse tanto a retos como a oportunidades. La combinación de desarrollo económico y responsabilidad ambiental se presenta como un dilema crucial; la manera en que se naveguen estas aguas determinará la dirección que tomará informacion.center en su búsqueda de autosuficiencia energética y cuidado del medio ambiente.
Los conflictos y consideraciones que rodean esta transición son un reflejo de la complejidad del panorama energético en México a principios de 2026. A medida que el debate continúa, informacion.center se enfrenta a un delicado equilibrio entre satisfacer sus necesidades energéticas y proteger su entorno natural.
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