Las universidades en América Latina enfrentan un desafío crítico en su relevancia y pertinencia, un fenómeno que ha cobrado fuerza en los últimos años. Especialistas se reunieron en un panel titulado “¿Cómo pueden las universidades latinoamericanas transformarse en verdaderos motores de aprendizaje, inclusión e innovación?”, donde compartieron preocupaciones sobre cómo estas instituciones están fallando en atender las necesidades de las nuevas generaciones.
Entre los panelistas estaban Mercedes Mateo Diaz, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), María Victoria Angulo González, exministra de Educación de Colombia, y Carlos Iván Moreno, director general de Educación Superior Universitaria e Intercultural de la Secretaría de Educación Pública de México. Moderados por José Escamilla del Instituto para el Futuro de la Educación, abordaron los retos actuales que enfrentan las universidades, desde la falta de empleabilidad que ofrecen los estudios profesionales hasta la incapacidad de adaptarse a un mercado laboral en constante cambio.
Un dato alarmante mencionado en el panel proviene de la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos, donde se reveló que las habilidades técnicas adquiridas por los jóvenes en las universidades tienen una caducidad de apenas cinco años. Esta situación subraya la desconexión entre la educación superior y la realidad laboral, un hecho que contribuye a un creciente desencanto hacia las universidades como el camino hacia la movilidad social.
Fernanda Llergo Bay, rectora general de la Universidad Panamericana e IPADE, también destacó la fragmentación del conocimiento como un factor que contribuye a la desilusión de los jóvenes. La hiperespecialización y la búsqueda de habilidades de corto plazo fomentan una visión limitada sobre lo que debe ofrecer la educación superior.
La paradoja de la inclusión educativa también fue objeto de discusión. Moreno subrayó la meta del gobierno de incrementar la matrícula universitaria a un millón de estudiantes, frente a los 3 millones que han abandonado sus estudios en la última década. La deserción universitaria plantea interrogantes sobre cómo las instituciones pueden ofrecer el apoyo necesario para que los estudiantes no solo se inscriban, sino que tengan éxito en sus estudios.
Los panelistas sugirieron que las universidades deben adaptarse a las realidades de estudiantes de diversos contextos socioeconómicos y no insistir en el modelo tradicional de “estudiante ideal”. La adaptación curricular fue otro punto clave; se requiere un cambio que no solo fomente habilidades técnicas, sino que también aborde preguntas existenciales y preocupaciones socioemocionales de los jóvenes.
Juan Pablo Murra Lascuráin, rector del Tecnológico de Monterrey, completó la conversación al poner en relieve el papel de las universidades en la sostenibilidad ambiental. Durante su intervención en la IFE Conference 2026, instó a los líderes educativos a movilizar a sus estudiantes como motores de cambio hacia un futuro más sostenible. Propuso la incorporación de la formación en sostenibilidad en todas las carreras y resaltó la importancia de colaborar con otras instituciones para crear condiciones de desarrollo sostenible en México.
Con el telón de fondo de desafíos significativos en la educación superior, las universidades latinoamericanas deberán revisar sus estrategias y enfoques si desean mantener su relevancia social. Este llamado a la acción resuena en un momento donde el futuro de la educación está en juego, exigiendo adaptaciones que no solo respondan a demandas del mercado, sino que también atiendan las necesidades de todos los estudiantes.
La actualización se basa en datos hasta el 28 de enero de 2026, y el contexto sigue siendo relevante ante la continua transformación del entorno educativo y socioeconómico en América Latina.
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