En un contexto de crecientes desbalances fiscales, Colombia ha recibido un duro golpe en su calificación crediticia. Standard & Poors, una de las principales agencias de calificación, ha rebajado la nota del país de BB a BB- con perspectiva estable. Esta decisión, tomada el 9 de abril de 2026, marca la primera caída a esta categoría desde 1993, año en que la calificadora emitió su primer análisis soberano sobre Colombia.
La rebaja sitúa a Colombia a un paso de ser catalogada como un país “altamente especulativo”. Esta acción se suma a la decisión de Fitch Ratings en diciembre de 2025, que recortó su calificación de BB+ a BB debido a “elevados y persistentes déficits fiscales”. Los mercados reaccionaron rápidamente a esta noticia, señalando que las proyecciones más inmediatas incluyen mayores costos de financiamiento y una posible entrada en un ciclo de deterioro fiscal. Según el grupo de investigaciones económicas Grupo Cibest, hay una necesidad urgente de preservar la independencia del banco central mientras se busca un camino hacia el fortalecimiento fiscal.
Entre los factores destacados en este análisis se encuentran la baja flexibilidad fiscal, la suspensión de la regla fiscal y una política económica que se percibe cada vez más como procíclica e impredecible. El crecimiento potencial del país también se ve comprometido, añadieron los expertos. Banco Popular, en su análisis, señaló que aunque los mercados ya habían incorporado en sus transacciones la calificación de BB desde meses atrás, el ajuste oficial podría intensificar episodios de volatilidad en el corto plazo.
El horizonte en relación al dólar y la valorización de los títulos de deuda pública presenta riesgos significativos, especialmente en un contexto de fragilidad fiscal y un menor apetito global por el riesgo. José Ignacio López, presidente de Anif, advierte que la rebaja deja a Colombia en una posición similar a la de países como Turquía, Honduras y Mongolia, donde la estabilidad macroeconómica se ha visto afectada por decisiones fiscales y monetarias cuestionables.
En cuanto a la deuda, se estima que la proporción de la deuda bruta respecto al PIB podría aumentar significativamente entre 2026 y 2029, pasando del 62.8% previsto para este año al 66.2% en 2029. Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, considera que esta decisión era esperada y resulta de una gestión gubernamental que ha optado por ignorar la evidencia económica en favor de enfoques improvisados y dogmáticos. Añadió que el decreciente estado de la calificación tendrá efectos inmediatos en el costo de endeudamiento, manifestándose en una mayor prima de riesgo.
El panorama se complica aún más a medida que el gobierno busca implementar mayores cargas tributarias, lo que obliga a los ciudadanos y empresas a enfrentar decisiones difíciles entre cumplir con el fisco o ajustar su gasto personal y empresarial. En resumen, la rebaja de la calificación de Colombia no solo simboliza un retroceso en la confianza de los inversionistas, sino que también plantea desafíos críticos para la sostenibilidad fiscal y el bienestar económico del país en los años venideros.
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