En un sublime día de verano de 1975, un encuentro fortuito en los jardines de Piazzale Libia, en Milán, transformó el destino de Leo Dell’Orco. Acompañado por un amigo y un perro, se topó con otro can que vagaba solo, llevando a Dell’Orco a conocer a su dueño, Giorgio Armani. Este episodio fue un punto de partida que lo llevó a convertirse en el responsable de las colecciones masculinas de las marcas Emporio y Giorgio Armani. Tras la reciente muerte de Armani, Dell’Orco se convierte en el custodia de su legado, compartiendo el peso de esta responsabilidad con Silvana, la sobrina de Armani, quien se ocupa de la moda femenina.
En una reciente entrevista, Dell’Orco expresó su reverencia hacia la influencia de Armani en el mundo de la moda: “Es aterrador, sí. Nadie puede replicar lo que él hizo; somos todos pequeños Armanis”. Esta reflexión resuena profundamente en la industria, especialmente tras la presentación de la primera colección de menswear bajo la marca Giorgio Armani, sin la intervención directa de su creador.
El evento se llevó a cabo en la casa de Armani, con un ambiente impregnado de la esencia del famoso diseñador. La colección inició con una sinfonía de sastrería suave en una paleta de greige y carbón. Las chaquetas, cortadas un poco más altas de lo habitual y mayormente sin aberturas, caían con el característico flujo del estilo Armani. Los modelos exhibieron accesorios de manera casual, haciendo eco de la sofisticación sutil que caracteriza a la marca.
Después de una primera fase de looks cuidadosamente elaborados, la segunda parte del desfile introdujo elementos más atrevidos, como parkas de jacquard y abrigos de shearling en tonos inusuales para la marca. Además, se destacó una colaboración con Alanui, marcando una innovación en el estilo que buscaba honrar y expandir la tradición Armaniana, sin romperla.
La colección cerró con looks de gala en blanco y negro, precedidos por una reverencia de Dell’Orco junto a su sobrino Gianluca, quien también forma parte fundamental del equipo de diseño. Al finalizar, los invitados fueron dirigidos a los apartamentos privados que Armani había compartido con Dell’Orco. Este último reflexionó sobre su proceso creativo, destacando su deseo de incorporar un toque más personal a la colección sin pretender una revolución. Resumió su enfoque: “Quiero expresar lo que sé y me gusta, con ligereza”.
Este acto no solo marcó un nuevo capítulo en la historia de la moda, sino que también se posicionó como un tributo al legado de Giorgio Armani, inspirando al próximo nivel de creatividad y autenticidad en la industria.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























