La reciente estrategia del gobierno federal de México, liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha revivido el debate sobre la extracción de gas natural, incluyendo yacimientos no convencionales, en un contexto donde la soberanía energética es un tema candente. Especialistas han alertado que esta apuesta por métodos similares al fracking podría no ser la solución esperada y que podría, en cambio, acentuar los problemas ambientales, sociales y económicos del país.
Óscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), destaca que, a pesar de las importantes reservas de gas ubicadas en el norte de México, la realidad es que competir con el gas barato de Texas es un gran desafío. La viabilidad económica de estos proyectos requiere una escala considerable, que implicaría la perforación de cientos de pozos. Sin embargo, la capacidad de Petróleos Mexicanos (Pemex) para liderar esta iniciativa es limitada, lo que subraya la necesidad de un mayor involucramiento del sector privado.
Uno de los temas más controvertidos es el uso del término “fracking”, que se evita por su connotación negativa. No obstante, la realidad es que los métodos que se están explorando son, en esencia, prácticas de extracción no convencionales. La creación de un comité de expertos para evaluar estas técnicas ha sido vista como un paso en la dirección correcta, pero los analistas insisten en que esto no sustituye la necesidad de un regulador fuerte y con poder de sanción.
La académica Aleida Azamar de la Universidad Autónoma Metropolitana considera que esta estrategia no es una sorpresa y refleja una tendencia global hacia la búsqueda de recursos energéticos. Sin embargo, advierte que alcanzar la autosuficiencia energética no será posible a corto plazo. Las limitaciones en infraestructura, inversión y el tiempo requerido para implementar estos proyectos son barreras significativas.
Un punto crítico que Azamar menciona es la posibilidad de que el gas extraído no se utilice prioritariamente para el consumo interno, sino que se destine a exportaciones, replicando patrones donde las comunidades locales no se benefician de los recursos. Asimismo, destaca el riesgo de invertir en infraestructura para combustibles fósiles en un escenario mundial en transición hacia energías renovables, lo que podría resultar en instalaciones obsoletas.
En este marco, el 60% de la matriz energética mexicana se apoya en el gas natural, de cual un alarmante 78% es importado, principalmente de Estados Unidos. La solución, según Azamar, no reside en profundizar la extracción de gas, sino en diversificar la matriz energética hacia fuentes renovables, tales como la solar, eólica, geotérmica e hidráulica.
Cada una de estas consideraciones plantea un panorama complejo para la estrategia de extracción de gas del gobierno federal, sugiriendo que el camino hacia la autosuficiencia energética podría ser más largo y complicado de lo que se anticipaba. En medio de un mundo que avanza hacia la sostenibilidad, la apuesta por el gas podría llevar a México a una encrucijada crítica en su búsqueda por la soberanía energética.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación



























