Carmen Campuzano está dispuesta a ayudar a Rafael Amaya, sin ningún costo, en su tratamiento para recuperarse de las adicciones.
TEXTO: CHUCHO GALLEGOS
Luego de ver un video de Rafael Amaya, donde aparenta estar bajo los efectos de algún estimulante, Carmen Campuzano publicó en redes sociales su deseo de ayudar al actor, quien se tomó muy en serio el personaje de El Señor de los Cielos y se sumergió en el submundo de las drogas.
La modelo, que pasó por lo mismo hace años, tocó fondo, y ha declarado en varias entrevistas: “¡Volví a nacer!”. A base de coraje y amor propio limpió su organismo de las adicciones, cocaína principalmente.
Hoy dedica su tiempo a poner en práctica su experiencia para rehabilitar a personas con adicciones.
Ella está dispuesta a ayudar a Rafa Amaya sin ningún costo, sólo darle el tratamiento y consultorías que ella recibió, y que después de rodar por su miseria humana, logró salir del averno y aprovechar estas vivencias.
El caso es que hasta el momento, el originario de Hermosillo, Sonora, no ha respondido a su llamado.
Carmen sigue empeñada en rescatar a Rafael y que tome en cuenta cuántos años pasaron para que a ella le cayera el veinte y empezara a rehabilitarse.
Aquellos días aciagos, de principios del año 2000, cuando intentó suicidarse al tirarse de un taxi en marcha bajando de la casa del Ajusco de Andrés García, quien por cierto no estaba en el momento del accidente en ese domicilio, la bella modelo de entonces dejó huellas en el cemento del dolor corporal que la acompañó durante años.
Abandonó a sus hijas, las gemelitas, criadas por su hermana Ruth, y cuando ella muere, su primo Ariel se hizo cargo de ambas, mientras Carmen recuperaba el juicio.
ANDRÉS GARCÍA SE IBA A CASAR CON ELLA

Carmen se casó a los 16 años con un hombre mayor, y a finales de 1998 contrajo nupcias con el actor y locutor Mario Carballido; no hacían mala pareja. Carmen lucía bella. El matrimonio duró un suspiro. Luego ella se enamoró de Andrés García y tronó con Mario.
A principios del año 2000, Andrés me habló a la redacción de informacion.center, cuando yo dirigía esta revista, y me dijo: – Chucho: te tengo una noticia de impacto. – Dímela. – No ahora. Te invito a comer mañana, a las 2 de la tarde, en el restaurante tal.
Llegué puntual a la cita. Esperé en el bar. Me tomé un martini seco, el clásico de James Bond: “Agitado, no mezclado, y sin la aceituna”. Y como dice Joaquín Sabina: “Y nos dieron las dos y las tres…” (de la tarde), y no aparecía Andrés.
El mesero me “torció la mano” para aceptar el segundo martini, y luego de saborearlo hasta el final, empecé a ver visiones: apareció él con la noticia exclusiva colgada del brazo: Carmen Campuzano. Se estropeó el “ped…” rico que ya empezaba a relajarme: – “¡Andrés, Carmen! ¿Qué, van a filmar juntos? – Esta es la noticia que te prometí. Estamos enamorados y nos vamos a casar. – ¡Santa Cachucha… qué noticia! ¿Y el marido?
La publiqué en portada de informacion.center, agotando edición. Ahí empezó el peregrinar de Carmen, que se perdió durante 20 años, pero finalmente ya se encontró.
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Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación.




























