Cuando comenzaron los bombardeos estadounidenses sobre Caracas, Jorge Suárez se despidió de su familia y se dirigió al combate. Militante de uno de los “colectivos”, considerados el brazo armado de la revolución chavista, Suárez ha vivido en una tensión creciente desde que el presidente Nicolás Maduro fue capturado durante un ataque militar. La escena fue, según Suárez, “como un best seller, como una cuestión de cine”.
Hablando desde un complejo polideportivo ubicado en el barrio 23 de enero, bastión histórico de la izquierda en Venezuela, Suárez rodeado de balas de fusil, libros y recuerdos de líderes socialistas como Hugo Chávez y Simón Bolívar, expresa su consternación por el bombardeo que tomó al país por sorpresa y generó numerosas preguntas sobre la lealtad dentro del gobierno. “Sabemos que hay una traición”, afirma con firmeza.
Los “colectivos” surgieron a partir de los Círculos Bolivarianos, unidades organizadas por Diosdado Cabello en 2001, y sus miembros declaran que su misión incluye el apoyo a comunidades de bajos recursos a través de actividades sociales y educativas, aunque enfatizan que su prioridad es la defensa de la llamada “revolución bolivariana”.
Tras las primeras explosiones, Suárez y otros militantes tomaron las calles e instalaron puntos de control, esperando instrucciones. Willians, uno de los miembros del Boina Roja, verbaliza la frustración y el coraje que siente después de la ofensiva del 3 de enero, cuestionando la eficacia del sistema antiaéreo venezolano. “No sabemos qué pasó con el sistema de los lanzacohetes”, dice, convencido de que hubo múltiples traiciones, pero cerrando filas en torno a Delcy Rodríguez, quien asumió el poder tras la caída de Maduro.
Los “colectivos” son vistos con temor por la oposición, considerados como tropas de choque, pero en sus propios barrios son valorados como esenciales para la organización social y la reducción de la criminalidad. Alfredo Canchica, de la Fundación 3 Raíces, defiende la misión de su colectivo, que abarca no solo la defensa armada, sino también programas deportivos y la coordinación con hospitales.
La presencia armada es evidente en sus actividades: hombres fuertemente armados custodian instalaciones deportivas que los jóvenes utilizan para practicar béisbol. Suárez y Canchica enfatizan que, a pesar de la clara desventaja tecnológica frente a las fuerzas estadounidenses, existe un profundo deseo de comprender las traiciones que han socavado su lucha.
La reciente ofensiva dejó un saldo de más de 100 muertos, según cifras oficiales, y logró marcar un cambio en las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, que buscan ahora establecer acuerdos en el ámbito energético. Sin embargo, entre los militantes persiste una determinación férrea: “Aquí nos van a tener que matar”, expresa Canchica, sugiriendo que no se rendirán fácilmente.
En este contexto de incertidumbre y lucha, los militantes continúan organizándose, esperando respuestas y una chance de reivindicación en medio de la adversidad que enfrentan en su intento por defender lo que consideran un legado fundamental para su pueblo.
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