Una quincena de países, incluyendo a Canadá, Corea del Sur, y Nueva Zelanda, han manifestado su decisión de contribuir a la seguridad del estrecho de Ormuz, uniéndose a las potencias ya comprometidas de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón. Esta colaboración se produce en un contexto marcado por tensiones crecientes, pues estos estados se han manifestado enérgicamente contra los recientes ataques de Irán a buques comerciales desarmados en el Golfo Pérsico.
En un comunicado conjunto, estas naciones condenaron de manera contundente la serie de ataques y el cierre de facto del estrecho por parte de fuerzas iraníes, lo que ha suscitado la preocupación por la libertad de navegación, un principio fundamental del Derecho Internacional. De hecho, el número total de países que se oponen a estas acciones asciende a 20, tras la incorporación de naciones como Dinamarca, Letonia, Eslovenia y otros.
La tensión en la región ha aumentado considerablemente después de la ofensiva lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que ha llevado a una respuesta decidida de los países europeos y Japón, quienes han buscado establecer un plan “creíble” para garantizar la estabilidad en la zona. Francia y Reino Unido han estado al frente de estos esfuerzos, mientras que varios aliados han optado por no unirse a la misión naval propuesta por el presidente estadounidense.
Este grupo de naciones ha expresado su “profunda preocupación” por la escalada del conflicto, solicitando a Irán que cese inmediatamente sus amenazas, que incluyen desde la colocación de minas en el estrecho hasta ataques con drones y misiles. Las interferencias en la navegación internacional y la interrupción de las cadenas de suministro energético se consideran una amenaza a la paz y seguridad globales, un hecho que estas potencias han subrayado en su declaración.
Adicionalmente, han solicitado una moratoria sobre los ataques a infraestructuras civiles, incluyendo instalaciones de petróleo y gas, enfatizando que la seguridad marítima y la libertad de navegación son beneficiosas para todos los países. La llamada al respeto del Derecho Internacional y a la seguridad internacional ha resonado con fuerza, reflejando una postura unificada frente a la crisis.
A medida que la situación se desarrolla, la comunidad internacional continúa vigilando de cerca el estrecho de Ormuz, un vital punto de tránsito para la energía global. La decisión de varios países de articular su apoyo en este tema destaca la importancia de un enfoque colectivo para abordar los desafíos que amenazan la seguridad marítima y el comercio internacional.
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