Bertha Alcalde ha asumido el cargo de Fiscal General de Justicia de la Ciudad de México, en un momento crítico para la institución y para la sociedad capitalina. La nueva titular enfrenta el desafío de consolidar la confianza pública en el sistema de justicia, en un contexto marcado por la inseguridad y la creciente demanda de un enfoque más humano y eficaz en la atención de delitos.
Alcalde, quien cuenta con una trayectoria profesional notable, ha ocupado previamente diversas responsabilidades en el ámbito de la administración pública y la defensa de los derechos humanos. Su nombramiento llega en un período donde la violencia y la impunidad han desbordado las expectativas de la población, lo que plantea una necesidad urgente de reformas estructurales en las prácticas de investigación y en el abordaje de delitos.
Durante su presentación, Alcalde hizo hincapié en la importancia de restaurar la confianza ciudadana en las instituciones encargadas de la justicia. Aseguró que su objetivo principal es garantizar que las víctimas reciban la atención apropiada y que se implementen mecanismos que fomenten la transparencia en los procesos judiciales.
Uno de los puntos clave de su discurso fue el compromiso de fortalecer la capacitación y profesionalización de las y los servidores públicos en la fiscalía. Esto incluye la adopción de mejores prácticas internacionales y la implementación de programas que atiendan de manera integral los casos de feminicidios y violencia de género, temas que han cobrado especial relevancia en los últimos años en la capital mexicana.
La llegada de Alcalde al frente de la fiscalía representa la oportunidad de reorientar la forma en que se acerca la justicia en la metrópoli. Su experiencia en derechos humanos y su enfoque en la atención a las víctimas podrían ser factores determinantes para generar un cambio significativo en la percepción pública sobre la efectividad de la justicia en la Ciudad de México.
No obstante, el camino por recorrer es complejo. Alcalde asumirá el cargo en medio de un panorama donde la ciudadanía exige respuestas rápidas y contundentes ante el aumento de delitos. Esto, sumado a la presión social por un sistema que hasta ahora ha demostrado ser deficiente en su capacidad de respuesta, plantea grandes expectativas y, al mismo tiempo, desafíos abrumadores.
La era que comienza para la nueva fiscal podría definir no solo su carrera, sino también el futuro de la justicia en una de las ciudades más grandes del mundo. Con esfuerzos en dos frentes—la mejora institucional y la atención a las víctimas—, Alcalde tiene la oportunidad de reinventar la fiscalía y de poner en la agenda pública la trascendencia de un sistema de justicia que responda realmente a las necesidades de su población.
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