El reciente debate sobre la dirección futura de las tasas de interés en Estados Unidos ha cobrado un nuevo impulso gracias a las afirmaciones de Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional. En una entrevista con CNBC, Hassett ha defendido la idea de que la inteligencia artificial (IA) puede ser un factor determinante para una posible rebaja de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal (Fed).
Según Hassett, el avance en la productividad que promete la inteligencia artificial podría ejercer una presión a la baja sobre la inflación. En este sentido, el economista mostró optimismo, sugiriendo que cuando Kevin Warsh asuma el liderazgo de la Fed, sería plausible una reducción en el costo del dinero. Esta perspectiva se presenta incluso en medio de la incertidumbre provocada por las tensiones internacionales, como las que surgen del conflicto en Irán.
Hassett, quien ocupó un puesto clave en la administración Trump, subrayó la magnitud de la IA, aseverando que esta tecnología podría ser una fuerza aún más revolucionaria que Internet en términos de impacto económico. Sin embargo, su análisis no ahonda en el efecto que la inteligencia artificial podría tener en el mercado laboral en general. Se limitó a mencionar algunos efectos sobre los programadores, aquellos profesionales que están viendo incrementos en su productividad gracias a estas nuevas herramientas.
Un estudio que Hassett destacó reveló que las pequeñas empresas que han optado por integrar la IA en sus operaciones han experimentado un crecimiento significativo en sus ingresos y no han estado sujetas a despidos masivos. Este dato contrasta con la realidad de varias compañías tecnológicas, que en los últimos meses han realizado anuncios de despidos significativos, pese a estar realizando considerables inversiones en el desarrollo de la inteligencia artificial.
Así, la interacción entre la IA y la economía continúa siendo un tema candente, con expertos que abogan por su potencial para transformar no solo la productividad, sino también la gestión de políticas monetarias en el futuro cercano. En este panorama, el papel que desempeñen tanto la Fed como las empresas en la adopción de estas tecnologías será crucial para definir la salud económica de Estados Unidos en los próximos años.
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