En la era digital actual, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha transformado de manera radical tanto el ámbito laboral como personal de millones de personas. Sin embargo, esta evolución tecnológica también trae consigo un fenómeno cada vez más reconocido: el “tecnoestrés”. Este término se refiere a la ansiedad y presión que sienten los trabajadores debido a la constante interacción con dispositivos y herramientas digitales, exacerbada por la integración de tecnologías emergentes como la IA.
Los expertos advierten que la presión por adaptarse a estas innovaciones puede ser abrumadora. La rapidez con que las empresas implementan herramientas automatizadas y sistemas de IA genera un sentido de urgencia entre los empleados, que deben actualizar sus habilidades continuamente. Esta situación se convierte en un caldo de cultivo para el estrés, llevando a muchos a experimentar una falta de control sobre su trabajo, lo que afecta no solo su productividad, sino también su bienestar emocional y físico.
Según estudios recientes, un significativo porcentaje de los trabajadores siente que la tecnología no solo incrementa su carga laboral, sino que también dificulta su capacidad para desconectar fuera del horario laboral. La expectativa de estar siempre disponible, alimentada por los avances tecnológicos, contribuye a una cultura laboral que no permite momentos de descanso genuino, lo que puede resultar en agotamiento y frustración.
Además, el impacto del tecnoestrés no se limita al individuo. Las organizaciones que ignoran este fenómeno enfrentan un aumento en el ausentismo, la rotación del personal y, en última instancia, una disminución en la productividad general. Esto plantea un desafío considerable para los líderes empresariales, quienes deben encontrar un equilibrio entre la adopción de nuevas tecnologías y el cuidado del bienestar de su equipo.
Educadores y especialistas en salud mental sugieren que es fundamental implementar estrategias de manejo del tecnoestrés. La capacitación adecuada, la promoción de un ambiente laboral saludable y espacios para la desconexión son algunos de los enfoques recomendados. Fomentar una comunicación abierta sobre el manejo del estrés y ofrecer recursos de salud mental pueden ayudar a los empleados a gestionar mejor la presión que acompaña a la tecnología.
En resumen, si bien la inteligencia artificial y otras herramientas digitales aportan significativa eficiencia y oportunidades, es crucial abordar el tecnoestrés que estas conllevan. Al priorizar el bienestar emocional y mental de los trabajadores, las organizaciones no solo contribuirán a la salud de sus empleados, sino que también aseguraran un entorno laboral más sostenible y productivo en el futuro.
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