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La línea entre casualidad y sospecha se difuminó el lunes en los mercados. El desplome del 10% del precio del petróleo brent, hasta los 100 dólares por barril al cierre, llegó después de que Donald Trump apuntara hacia la distensión con Irán al anunciar el aplazamiento de los ataques a infraestructuras energéticas y reconociera “conversaciones productivas” con Teherán. Lo raro es que, en un intervalo de dos minutos apenas un cuarto de hora antes de ese anuncio, los operadores del mercado de materias primas ejecutaron unos 650 millones de dólares (560 millones de euros) en derivados a favor de una caída del crudo, ocho veces más de lo habitual para un lapso tan corto.
“Lo último que quieren ver los participantes del mercado es que haya indicios de que se estaban ejecutando operaciones grandes y muy rentables justo antes de esos movimientos extremos”, ha zanjado Robert Rennie, responsable de investigación de materias primas y carbono en Westpac Banking Corp, en declaraciones a Bloomberg.
Estas apuestas se realizan mediante contratos de futuros. En ellos, un inversor toma prestado un activo (en este caso, contratos de barriles de petróleo), lo vende antes de su vencimiento y después lo recompra para devolverlo con la expectativa de que el precio sea más bajo. Si sale como espera, obtiene beneficios con la diferencia.
El repunte de las apuestas bajistas sobre el petróleo arrancó el lunes a las 6:49 de la mañana en Nueva York (11:49 en la España peninsular). En los dos minutos claves, se firmaron contratos de futuros sobre el crudo por seis millones de barriles, frente al promedio de 700.000 para un intervalo similar. A las 7:05 (12:05 en España), Trump anunció la distensión con un mensaje en su red social, Truth Social, lo que aceleró las ventas y empujó a la baja el precio del petróleo, en línea con esas apuestas.
Las operaciones afectaron tanto la referencia internacional en contratos de petróleo (brent) como la estadounidense (West Texas), que también cayó un 10% el lunes y cotiza ahora en torno a los 90 dólares por barril. A partir del volumen de barriles negociados y del valor de ambos tipos de contratos se estima, según cálculos de Bloomberg, que el importe transaccionado rondó los 650 millones de dólares.
Al mismo tiempo, se registró un repunte también en los derivados sobre la principal Bolsa estadounidense, el S&P 500. En este caso, con apuestas a una subida que, tras la señal de distensión, se materializó en un repunte cercano al 1%. En este caso, los operadores fijan de antemano el precio de compra y pueden ejecutar la operación más adelante. Si el mercado sube antes, obtienen beneficio con la diferencia.

Se desconoce quiénes contrataron los derivados y cuántas fueron las contrapartes de esos miles de contratos de futuros, sea del petróleo o del S&P 500. Muchas operaciones están automatizadas, de modo que, si se detecta un cambio brusco en el valor de un activo, como el brent, se activan automáticamente operaciones en otros mercados correlacionados, como la Bolsa, generando un efecto en cascada.
Dado que se desconocen los operadores involucrados en estas apuestas, tampoco se sabe si tenían algún vínculo con el Gobierno de Donald Trump, que negó rápidamente cualquier filtración. “La Casa Blanca no tolera que ningún miembro del Gobierno se lucre ilegalmente con información privilegiada, y cualquier insinuación de ello sin pruebas es infundada e irresponsable”, declaró un portavoz presidencial, Kush Desai, en declaraciones recogidas por el Financial Times.
Sin embargo, las sospechas de posibles filtraciones desde la administración de Trump siguen en aumento. Esta es, al menos, la tercera ocasión en los últimos meses en la que movimientos inusuales en el mercado parecen anticiparse a decisiones de la Casa Blanca y resultan beneficiados. Todas coinciden con las incursiones militares estadounidenses en el extranjero.
Las coincidencias se acumulan
No hace falta irse a mercados financieros tan técnicos y complejos como el de futuros del petróleo para detectar algo extraño en estas presuntas casualidades que generan beneficios ligados a las operaciones militares estadounidenses. De hecho, las dos primeras alertas de los últimos meses no surgieron de Wall Street, sino del mercado de predicciones Polymarket, donde cualquiera puede apostar sobre casi cualquier acontecimiento, desde partidos de fútbol hasta el regreso de Jesucristo.
El patrón, sin embargo, se repite. Pocas personas realizan apuestas millonarias sobre la política exterior de EE UU minutos o horas antes de que el Gobierno de Trump tome las decisiones, y quienes las hacen se lucran. La última vez pasó precisamente el primer día de la guerra en Irán.
Seis usuarios de Polymarket, con cuentas creadas hacía tan solo 24 horas, facturaron 1,2 millones de dólares por predecir con éxito los ataques contra Irán a primera hora del pasado 28 de febrero. Uno de ellos había apostado más de 60.000 dólares, lo que resultó en casi medio millón de ganancias. Desde que cobraron sus beneficios, las cuentas han desaparecido de la plataforma.
Unos meses antes, a comienzos de enero, un usuario de Polymarket obtuvo alrededor de 400.000 dólares tras apostar que el entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro, sería capturado. Su predicción se cumplió pocas horas después, cuando la unidad de élite de las Fuerzas Armadas estadounidenses irrumpió en informacion.center caribeño y trasladó al mandatario a un centro de detención en Nueva York.
La apuesta del momento ahora, con unos cinco millones de dólares en juego, es cuándo anunciará Trump el fin de la guerra en Irán. La mayor parte del dinero se concentra en la opción de que ocurra el 31 de marzo.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación.




























