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Desde hace unas pocas semanas existe en Granada un oasis de calma alejado –física y conceptualmente– del bullicio turístico. Se llama Silentia y consiste en visitas inmersivas, a la caída del sol, por la Cartuja de Granada. “Queremos relatar, más que la piedra o la historia, el día a día de un monje cartujo”, explica Lola López, directora de Viajes San Cecilio (agencia oficial del Arzobispado). Para ello, los participantes han de permanecer callados mientras escuchan música y reciben los estímulos audiovisuales que se encargan de mostrar las diferentes estancias del monasterio. La iniciativa va dirigida a todo aquel que, independientemente de su credo o procedencia, “quiera quedar tocado por la profundidad del silencio”.
‘Silentia’ como alternativa a la masificación
Para el conservador de la Cartuja de Granada, Cefe Navarro, un proyecto como Silentia es importante también porque posibilita un espacio de «silencio y soledad» en una ciudad con tanto volumen de turismo como Granada. «La Cartuja está fuera de los itinerarios y el foco turístico, y permite aproximarse a la serenidad con la que vive un cartujo», aduce. Una espiritualidad que interpela directamente desde el siglo XI, y que no es posible comprender rodeados de ruido. «Necesitamos silencio para entendernos», concluye.
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