En los años noventa, una notable evolución en la medicina ortopédica llevó a la creación de dispositivos innovadores que permiten la elongación del hueso desde su interior. En lugar de ser implantados externamente, estos aparatos telescópicos se insertan directamente en el hueso. Tras realizar una perforación para crear un espacio hueco, se inserta una varilla telescópica con un mecanismo que puede activarse de manera mecánica, electrónica o magnética.
Los primeros mecanismos eran rudimentarios y generaban un proceso doloroso. De ahí que el dispositivo conocido como el clavo PRECICE obtuviera su nombre, dado que se trataba de una de las primeras técnicas precisas para alargar el hueso según las necesidades del paciente. Sin embargo, estos dispositivos iniciales carecían de la robustez necesaria para soportar el peso completo del individuo. A medida que se implementaban, el procedimiento consistía en alargar el hueso gradualmente, generalmente a un ritmo de un milímetro por día, un proceso optimizado gracias al trabajo del pionero Ilizarov, quien a través de la experimentación en animales logró determinar la velocidad ideal para la elongación.
Hoy en día, más de 25,000 elongaciones de miembros han sido realizadas por cirujanos con amplia experiencia en la materia. Este proceso ha sido perfeccionado, observando cuidadosamente las tasas de elongación más efectivas que minimizan el dolor y promueven una regeneración ósea adecuada. Un ritmo demasiado acelerado podría dar lugar a complicaciones graves, mientras que un ritmo demasiado lento puede resultar en la curación prematura del hueso y la imposibilidad de continuar con la elongación.
El último avance en esta técnica es el PMax, un dispositivo que permite a los pacientes soportar su peso completo desde el principio. Tras la cirugía, es común que los pacientes sientan molestia y utilicen ayudas para caminar durante unos días. Sin embargo, a las dos o tres semanas, la incomodidad disminuye significativamente, permitiendo que caminen sin asistencia. Esto representa un gran avance respecto al PRECICE 2, que solo soportaba entre 50 y 75 libras por paso, lo que obligaba a los pacientes a depender de muletas o andadores durante varios meses.
El mecanismo de control para medir cuánto se estira el hueso se encuentra en un dispositivo exterior, controlado de forma remota. El PMax contiene un imán en su interior que interactúa con este dispositivo, que tiene aproximadamente seis pulgadas de ancho por un pie de largo. Los pacientes aprenden a utilizar este aparato en casa, alargándose el hueso cuatro veces al día. Cada vez que utilizan el dispositivo, se produce una elongación tan sutil que es prácticamente imperceptible, llevando a la confusión de muchos que asocian el proceso con un doloroso estiramiento.
En realidad, la incomodidad que suelen experimentar los pacientes está relacionada con la elongación de los tejidos blandos que acompaña al proceso óseo, y ocurre gradualmente a lo largo de varios meses. Este enfoque avanzado, que combina tecnología y medicina, promete transformar la experiencia de la elongación de miembros, haciéndola más segura y eficiente para los pacientes a lo largo del tiempo.
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