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Ni Harry Kane, ni Erling Haaland, la potencia llegadora y el instinto de Jude Bellingham en el área fue lo que reinó y se impuso en el abarrotado estadio Hard Rock de Miami. Sus dos goles, el segundo en la prórroga, le valieron a Inglaterra el pase a las semifinales de un partido feo, por momentos tedioso y muy marcado por el exceso de respeto mutuo. Bellingham gobernó el resultado en una tarde tórrida por el calor y por el fútbol plano que enseñaron ingleses y noruegos durante largos tramos del encuentro. Se esperaba a los dos goleadores más clásicos de este Mundial y fue la determinante llegada de Bellingham la que decidió un duelo en el que solo la trascendencia de la victoria y la incertidumbre en el marcador mantuvieron la emoción. Seis goles firma el madridista en este Mundial, definitivo ya con su anterior doblete ante México en la caldera que fue el estadio Azteca. A su eficacia se agarró Inglaterra, que hasta ahora ha enseñado más espíritu grupal que juego fino colectivo. Argentina o Suiza la aguardan en Atlanta para definir un puesto en la final.
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