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El presidente estadounidense, Donald Trump, ha vuelto a desplegar sus amenazas de tomar Groenlandia, la enorme isla ártica parte del Reino danés. Groenlandia “debería estar controlada por EEUU y no por Dinamarca”, ha lanzado Trump en Ankara, antes de una reunión con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que acoge este martes y miércoles una cumbre de la OTAN preparada, sobre todo, para agasajar al presidente estadounidense. Nada más llegar a la capital turca, donde le han recibido con grandes honores y calles desiertas para facilitar el paso de su vistosa comitiva, el jefe de la Casa Blanca, ha renovado sus críticas a los aliados europeos y a la propia Europa y su supuesta decadencia.
“Eso es lo que dañó mi relación con la OTAN porque Groenlandia no beneficia a Dinamarca, Dinamarca no invierte dinero para ayudar realmente a Groenlandia, pero es una parte importante para Estados Unidos”, ha declarado Trump antes de su cita bilateral con el presidente turco en el Palacio de las Cinco Colinas, el complejo presidencial de la capital. Rodeado de marcos dorados, alfombras mullidas y ostentosos decorados, un estilo que seduce al magnate inmobiliario convertido en presidente de la primera economía del mundo, ha loado el carácter de “hombre fuerte” de Erdogán, criticado por la oposición por reprimir con puño de hierro a la disidencia.
Trump lleva un tiempo coqueteando con la idea de hacerse con Groenlandia. Ha llegado a decir que no descartaría una acción militar para tomar la isla, aunque en los últimos meses, ante las inusuales críticas de los aliados europeos, que han salido en defensa de Dinamarca, su socio en la UE, parece haberse inclinado por medidas de presión hacia la isla o incluso por un acuerdo marco a largo plazo. Sin embargo, nunca ha llegado a descartar del todo el uso de la fuerza, pese a que Copenhague es también aliado de la OTAN. En Dinamarca y en la UE tienen muy claro que Trump es un hombre de ideas fijas. Y que el episodio de Groenlandia, aunque es cíclico, no ha terminado. Washington asegura que la isla ártica es esencial para su seguridad.
Los aliados europeos y Canadá contienen la respiración con temor a que el volátil presidente estadounidense haga saltar por los aires la diplomacia y convierta la crucial cita —cuidadosamente coreografiada y conscientemente corta para evitar los choques— en un carrusel de acusaciones a la Alianza. El aperitivo ha dejado un mal sabor de boca. Trump ya ha recitado su tradicional rosario de quejas al llegar Ankara. Solo ha decidido participar en la cumbre de Ankara para no hacer un desplante al presidente turco, ha reconocido.
“Hemos invertido billones de dólares en la OTAN. ¿Por qué? Para proteger a los países europeos y otros… Uno pensaría que estarían muy dispuestos a hacer algo para ayudarnos, y realmente no lo estaban…”, ha dicho Trump, en referencia a la negativa de los aliados europeos a apoyar su guerra contra Irán y a desplegar una misión para desbloquear a la fuerza el estrecho de Ormuz.
El presidente estadounidense lleva semanas asegurando que hará pagar por ello de alguna forma a quienes han fallado a su lealtad. “He dicho durante mucho tiempo que nosotros los ayudamos, pero no estoy seguro de que ellos vayan a estar ahí para nosotros; e Italia nos rechazó, y Alemania nos rechazó, y Francia nos rechazó. Y está bien, pero ¿por qué estamos gastando cientos de miles de millones de dólares y ellos no están ahí para nosotros? Siempre hemos estado ahí para ellos”, ha dicho.
Trump, que tiene un contencioso abierto con la primera ministra italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni, que ha sido su aliada, por la negativa de Roma a ayudarle en Ormuz y que ha llegado a lanzarle ataques personales —incluida la publicación en redes sociales de un meme en el que insinúa que necesita una orden de alejamiento de la líder italiana—, parece haber enterrado (hasta la próxima andanada) el hacha de guerra sobre Italia. “Meloni es una buena persona en realidad”, ha dicho Trump, que ha remarcado que cree que la italiana cometió “un error” al no respaldar la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán, dijo. “Eso agrió nuestra relación”, ha añadido el mandatario.
EEUU reclama a Europa que se haga cargo de su propia seguridad y ha anunciado ya repliegues del Viejo Continente y que dejará de poner a disposición de la Alianza capacidades estratégicas que hasta ahora, aunque con base en Norteamérica, tenía listas para desplegar en la región europea en caso de crisis; desde cazas y submarinos hasta aviones cisterna. Washington, que está molesto con los aliados europeos por lo que considera un bajo gasto militar —pese a que están alcanzado cifras récord y el año pasado, ante sus presiones, se comprometieron a alcanzar un 5% en inversión en defensa para 2035— y quiere centrarse en otros teatros de operaciones, como el Indo-Pacífico, ha anunciado una revisión de seis meses de sus fuerzas en Europa. También, ha dicho, medirá el “compromiso y la lealtad” de sus aliados. Y tomará represalias.
Músculo industrial
Ahora, los europeos y Canadá están avanzando para cubrir esos agujeros en el paraguas de seguridad del Continente. Este martes, en otro intento por contentar a Trump y ante las amenazas del republicano sobre la inversión en defensa, la OTAN ha desplegado músculo industrial en una gran feria con las principales empresas de defensa en Ankara. Este año, ese foro que en otros tiempos era un acto discreto, con alguna mesa redonda con la industria, es parte de la cumbre. En la capital turca, ha anunciado contratos clave por valor de 12.000 millones de euros para comprar drones, aviones de vigilancia o cazas militares de última generación.
Una escenificación pensada para demostrar que Europa está apostando por comprar en el continente algunas capacidades esenciales que hasta ahora adquiría a Washington. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, había anunciado a bombo y platillo que haría “una gran revelación” en el foro industrial. Y, de hecho, había insistido a los representantes de las compañías de defensa y a los países socios que se guardasen los anuncios de progresos para ofrecerlos todos en Ankara como una gran demostracion de fuerza. Todo se llevó a cabo en un escenario muy del gusto del nuevo inquilino de la Casa Blanca, con grandes pantallas en las que sobrevolaban cazas, o se mostraban los despliegues de la Alianza, y muchos focos entre la presencia de cientos de representantes de las empresas del sector y de las delegaciones de los 32 países miembros de la OTAN, así como de otros países aliados, se congregaron para mostrar músculo.
Con música de película de suspense de telón de fondo, Rutte fue enarbolando uno tras otro los nuevos contratos: incorporación de nuevas aeronaves, programas de mejora de aviones, sistemas de vigilancia, programas de drones y satélites… Anuncios que pretenden mostrar a Trump que, tal y como lleva exigiendo desde su vuelta al poder, los miembros europeos de la OTAN, y Canadá, se han puesto las pilas.
están representados las principales empresas españolas del sector de la defensa—, envían una señal política de que la Alianza quiere reforzar las capacidades compartidas que permiten a los ejércitos aliados operar de forma integrada.
Airbus emerge como uno de los principales beneficiarios gracias al impulso a los programas A400M y A330 MRTT, mientras que la sueca Saab logra el mayor contrato individual con la sustitución parcial de la envejecida flota de AWACS (aviones alerta temprana y control aerotransportado) por hasta diez aviones GlobalEye, imponiéndose a Boeing.
Rutte también ha confirmado la compra de hasta cinco drones de vigilancia estratégica Northrop Grumman MQ-4C Triton, la primera adquisición de este modelo por parte de la OTAN, que complementará la flota de RQ-4D Phoenix desplegada en Sigonella. España figura entre los siete países fundadores de la nueva iniciativa sobre el A400M, un programa emblemático de Airbus cuya línea de ensamblaje final se encuentra en Sevilla, aunque queda fuera de las nuevas compras conjuntas de GlobalEye, Triton y de la flota multinacional de MRTT.
Algunas de las capacidades anunciadas, explica Luis Simón, jefe de la oficina de Bruselas del Instituto Elcano, están destinadas a cubrir los agujeros que deja Washington en la seguridad de Europa y componen elementos estratégicos.
“Los contratos y programas no son fruto de negociaciones de un día. Son cosas que llevan tiempo”, explicó, en conversación con este diario, una fuente militar europea presente en el foro, que, sin embargo, valor como “muy importantes” estos anuncios, para que las fuerzas militares europeas “no se queden atrás”.
“En el fútbol, ningún equipo gana gracias a un solo jugador, sino al juego en equipo. También gracias a la profundidad del banquillo, a los entrenadores, a los analistas. La OTAN es como un equipo de fútbol, en el que los líderes políticos dan las directrices, las Fuerzas Armadas están sobre el terreno y la industria militar provee de capacidades”, afirmó Rutte en una de las conferencias a lo largo del día, en la que definió la cooperación entre OTAN e industria como “el equipo ganador”.
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