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La Unión Europea quiere ir más allá de castigar bancos rusos o multimillonarios cercanos al Kremlin. Ahora apunta a algo más difícil de definir —y mucho más difícil de controlar—: el ecosistema cripto. Ese esquema financiero digital permite a Rusia seguir moviendo dinero pese a las sanciones occidentales, dice Bruselas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha presentado este martes un nuevo paquete de sanciones contra Moscú —el 21— por su guerra contra Ucrania en el que se incluirán medidas contra esa estructura. En un momento clave en el campo de batalla y cuando Vladímir Putin está intensificando su guerra híbrida del Kremlin contra Europa, la UE quiere atenazar la economía rusa para que tenga menos combustible que le permita seguir manteniendo la invasión.
“Tomaremos medidas contra las criptomonedas, las empresas que las comercian y las plataformas que facilitan el comercio cripto para cerrar una vía de evasión”, ha anunciado este martes Von der Leyen. “Rusia depende cada vez más de las criptomonedas para las transacciones internacionales”, ha añadido la jefa del Ejecutivo comunitario. La alemana ha anunciado, además, nuevas restricciones de visado para los ciudadanos rusos, esta vez dirigidos específicamente a quienes hayan formado parte alguna vez de las fuerzas armadas de Rusia.
El paquete 21 de sanciones de la Unión Europea pone el foco en gran medida sobre el sector financiero, con la inclusión de más bancos. Pero va más allá y propone nuevas restricciones contra 90 bancos rusos y entidades financieras vinculadas a Moscú, además de medidas contra la llamada flota en la sombra, la red de petroleros que la órbita del Kremlin emplea para mover su petróleo y evadir las sanciones y los controles occidentales.
El nuevo paquete, que ahora tendrán que debatir y aprobar los Estados miembros, también incluye controles más duros sobre exportaciones de tecnología y componentes industriales considerados estratégicos para la industria militar rusa —como materiales usados en drones, misiles y sistemas electrónicos— así como sanciones contra empresas e intermediarios extranjeros acusados de ayudar a Rusia a esquivar restricciones comerciales y financieras.
Plataformas para mover fondos
Durante años, las sanciones de la UE contra la órbita del Kremlin se han concentrado sobre todo en bancos, petróleo y oligarcas. Pero Bruselas cree ahora que Rusia ha desarrollado una red paralela formada por exchanges (plataformas digitales que permiten comprar, vender e intercambiar activos digitales), stablecoins (criptomonedas estable, generalmente vinculadas a la moneda de un país), intermediarios offshore y plataformas digitales capaces de mover fondos fuera del sistema financiero tradicional.
Moscú “depende cada vez más de las criptomonedas para las transacciones internacionales”, dice una fuente europea. Si una empresa rusa sancionada ya no puede utilizar bancos europeos para pagar importaciones, puede recurrir a activos digitales vinculados al dólar —como USDT— comprados a través de un exchange en un tercer país. Luego, esos activos pueden transferirse entre plataformas, billeteras digitales o intermediarios privados hasta convertirse nuevamente en dinero convencional fuera del alcance de las autoridades occidentales.
La UE cree que ahí existe hoy una “infraestructura de evasión”. Así, el nuevo paquete de medidas pone el foco no solo en individuos o compañías específicas sino en todo el ecosistema que hace posible esas operaciones. Incluso fuera de Rusia. Eso podría incluir exchanges registrados en Asia Central, Oriente Próximo o el Cáucaso que, aun sin estar en Rusia, faciliten operaciones relacionadas con entidades sancionadas.
Además, Europa empieza a tratar las criptomonedas no solo como una innovación tecnológica, sino como una cuestión de seguridad geopolítica.
El impacto podría sentirse en toda la industria cripto. Grandes plataformas internacionales tendrían que endurecer aún más sus controles para evitar quedar expuestas al mercado ruso. Y cuanto mayor sea la presión sobre exchanges regulados, más actividad podría desplazarse hacia redes descentralizadas, operaciones persona a persona o intermediarios difíciles de rastrear.
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