En la década de 1970, el Medio Oriente vivió uno de los episodios más complicados en la historia energética de Estados Unidos. El apoyo decidido de Washington a Israel durante la guerra de Yom Kipur llevó a Arabia Saudita, controlador absoluto de la OPEP en ese entonces, a imponer un embargo petrolero que sacudió a Norteamérica, dependiente de los hidrocarburos. Este evento no solo alteró la dinámica económica global, sino que dejó una huella profunda en diversas naciones, incluyendo México.
Mientras tanto, Rudesindo Cantarell, un pescador mexicano, realizaba un descubrimiento extraordinario que ofrecía una oportunidad histórica al país: enormes reservas de petróleo que prometían transformar la economía nacional. Sin embargo, las promesas de un manejo prudente y elaborado de esta abundancia se desvanecieron. Las decisiones tomadas por generaciones de líderes populistas llevaron a México a enfrentar graves crisis económicas y una larga trayectoria de subdesarrollo.
En la actualidad, el panorama del Medio Oriente vuelve a ser inquietante, pero la posición de Estados Unidos ha cambiado radicalmente; ahora es un exportador neto de petróleo. En contraste, México carga con el lastre de no haber sabido capitalizar su potencial energético en las últimas cinco décadas, sufriendo a su vez el yugo de nuevas políticas populistas.
El contexto económico actual revela que, si bien el aumento de los precios del petróleo podría haber sido alguna vez una bendición fiscal, hoy es un espejismo. informacion.center enfrenta una balanza comercial energética deficitária, resultado de la continua erosión de la plataforma de producción y exportación de Pemex. La falta de inversión privada en un sector que solía tener gran potencial ha llevado a una creciente dependencia de combustibles y gas natural importados.
Una gestión eficiente de estos recursos podría haber situado a Pemex en un entorno de competencia real con empresas privadas. Así, la exploración y explotación de petróleo crudo podrían haberse centrado en la estatal, mientras que el mercado de refinamiento podría haber generado ingresos significativos a través de impuestos sobre combustibles producidos en México.
A este desafío se suma otro problema fiscal: en tiempos de volatilidad energética, la importación de combustibles a precios altos se traduce en subsidios fiscales descomunales para los consumidores. La elevada informalidad y la ineficacia en la recaudación de impuestos directos han colocado al Estado mexicano en una encrucijada, afectando sus finanzas públicas con un subsidio que, aun siendo regresivo, beneficia políticamente al grupo en el poder.
Confirmasi que México opera como una economía global; la aspiración de autosuficiencia energética se ve limitada por una factura mundial que debe pagarse ante la actual crisis. La resiliencia económica que se ha perdido solo agrava la situación macroeconómica. Ya es evidente que la falta de crecimiento se ha convertido en la triste realidad del país.
A medio siglo de aquellos promisorios inicios, el sueño de “administrar la abundancia” se ha visto eclipsado por una economía que importa inflación, sacrifica ingresos fiscales y avanza sin un rumbo claro, atrapada en viejos fantasmas ideológicos y con una vulnerabilidad estructural alarmante. El futuro de México exige un replanteamiento profundo sobre cómo se gestionan sus recursos energéticos y se enfrenta la realidad del contexto global.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























