A lo largo de 2026, México y Francia celebran dos siglos de relaciones diplomáticas, un camino en el que el intercambio cultural ha sido fundamental. Este enlace ha propiciado no solo la creación de lazos de entendimiento, sino también la manifestación de desacuerdos políticos a lo largo de su historia. La visita en noviembre pasado del presidente francés Emmanuel Macron a México marcó un hito, siendo la primera de un líder galo en más de diez años. Su agenda incluyó destacar a Francia como país Invitado de Honor en el Festival Internacional Cervantino, programado para octubre, y la formalización de una agenda bilateral enfocada en la cooperación cultural.
Un aspecto destacado de este año dual es el intercambio simbólico de códices: Francia devolverá el Códice Azcatitlán, un documento del siglo XVI que narra el origen del pueblo azteca, mientras que México enviará el Códice Boturini, que relata viajes míticos hacia la fundación de Tenochtitlán. Sin embargo, aunque este intercambio de documentos es valioso, la dinámica real de la diplomacia mexicana y francesa enfrenta desafíos significativos.
Uno de los temas recurrentes en la conversación bilateral es la ratificación del Convenio Unidroit sobre Bienes Culturales Robados o Exportados Ilícitamente, un tratado impulsado por la UNESCO y Unidroit en 1995, con 56 países firmantes, aunque Francia no es uno de ellos. Esta ausencia es particularmente problemática para México, que ha enfrentado un creciente tráfico ilícito de bienes prehispánicos, especialmente en París, donde casas de subastas como Christie’s y Millon han comercializado piezas arqueológicas a pesar de las protestas del gobierno mexicano.
Un caso notable ocurrió en noviembre de 2021, durante una subasta de Christie’s que incluyó piezas culturales de culturas como la maya y la mexica, contradiciendo las declaraciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, que considera estas obras de patrimonio nacional y su extracción como illegal. En 2022, el descontento se reavivó con la subasta de 30 piezas arqueológicas en París por parte de Millon, a lo que México respondió reiterando la inalienabilidad de estos bienes.
A pesar de que se espera que el año del bicentenario conduzca a avances significativos, el dilema de la ratificación del Convenio Unidroit persiste. México pide esta adhesión como un paso necesario para fortalecer la cooperación en la restitución de patrimonio cultural. La implementación del convenio no solo permitiría asegurar la devolución de bienes robados, sino que también establecería obligaciones para la devolución de objetos exportados ilícitamente.
En un contexto donde la legalidad de la adquisición de piezas arqueológicas está en entredicho, la falta de ratificación del convenio por parte de Francia se siente como un profundo vacío en la legislación internacional. Aunque las autoridades francesas han mostrado interés en colaborar contra el tráfico ilícito de patrimonio, la respuesta formal sigue ausente.
A medida que se despliegan los eventos conmemorativos de la relación entre México y Francia, el escenario se presenta complicado. La falta de progreso en la ratificación del Convenio Unidroit continúa manchando un vínculo que ha tenido su parte de intervenciones militares y culturales. Sin embargo, la incógnita persiste: ¿será este el año en que ambos países avancen en una dirección que propicie una verdadera equidad y reciprocidad en su relación?
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