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Son las 11 de la mañana. Acaba una clase de teatro en la escuela de Cristina Rota, en el barrio de Lavapiés de Madrid, y una docena de chicos y chicas vestidos, es un decir, de puro verano sale en tropel a solazarse en el patio. Da gusto verlos. Al poco, llega la jefa de todo esto, Cristina Rota, del bracete de su hija Nur, hermana pequeña de Juan Diego y María Botto, de la que Rota estaba embarazada cuando llegó a España en 1978, tras la desaparición de su marido, Diego Botto, el 21 de marzo de 1976, en los primeros días tras el golpe militar en Argentina. Vestida con falda vaporosa, blazer marinera y zapatillas ultraligeras, tan frágil de aspecto como rotunda de verbo, Rota, que ha criado en esta incubadora de talento a generaciones de actores y actrices, de Penélope Cruz a Antonio de la Torre, pasando por sus propios hijos, viene a hablarnos de su libro: Una historia de teatro y resistencia, que recoge algunas de las muchas vidas que ha vivido a sus 81 años.

‘UNA HISTORIA DE TEATRO Y RESISTENCIA’
Ni en el título de su autobiografía ha querido Cristina Rota (Buenos Aires, 81 años) dejar de nombrar las dos pasiones y vocaciones que han guiado su vida. Desde su infancia, marcada por un padre ciclotímico y adicto al juego, y una madre resistente, a su adolescencia y su juventud, marcada por el compromiso político y artístico, al día que lo cambió todo: el 21 de marzo de 1976, cuando su marido, Diego Botto, no llamó a las 10 de la noche ni volvió a hacerlo nunca, desaparecido por la represión de la dictadura argentina. Rota, exiliada en España con sus hijos María, Juan Diego y Nur, desde 1978, ha educado a generaciones de actores y actrices que han aprendido de y con ella el oficio. Sigue yendo a la escuela y dando clase cada día.
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