La reciente tragedia en Hermosillo, Sonora, ha puesto de relieve los peligros asociados a la administración de sueros vitaminados que carecen de una base médica sólida. Hasta el momento, se ha confirmado el fallecimiento de ocho personas a causa de complicaciones vinculadas presuntamente a la contaminación bacteriana de estas soluciones intravenosas. Este inquietante suceso ha llevado a las autoridades sanitarias a cerrar una clínica privada involucrada en estos tratamientos, y se ha iniciado una búsqueda activa del médico Jesús Maximiano N., quien operaba en ese centro.
La sueroterapia, como se le conoce comúnmente a la aplicación de sueros vitaminados, ha ganado popularidad en los últimos años. Muchos la promueven como una solución para la fatiga, la deshidratación e incluso como un medio para fortalecer el sistema inmunológico. Suele consistir en una mezcla de vitaminas B y C, electrolitos y magnesio. Sin embargo, en el caso de Hermosillo, se ha revelado que estos sueros también contenían sustancias presentadas como “células madre”, lo que ha suscitado preocupación por posibles fraudes y la presencia de componentes peligrosos aún no identificados.
Expertos en salud han expresado su escepticismo sobre la efectividad de estos tratamientos. Según la opinión de médicos, no existen beneficios reales asociados a la administración de sueros vitaminados. Se ha señalado que, en realidad, estos sueros no son más que una combinación de agua, sal y vitaminas, cuyas propiedades son exageradas por el atractivo visual de su color. Muchos de los efectos positivos que los pacientes creen experimentar son, en muchos casos, simples efectos placebo.
El uso de sueros vitaminados entraña riesgos significativos. Pueden producir complicaciones locales, como flebitis o trombosis, así como sobrecarga de volumen y alteraciones electrolíticas. Los riesgos se amplifican en clínicas o centros no regulados, donde con frecuencia se administran estos tratamientos sin los protocolos médicos adecuados. Infecciones graves, como sepsis y choque séptico, son también posibles, especialmente si la sustancia administrada contiene contaminantes, como parece haber sucedido en el caso crítico de Hermosillo.
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) ha tomado cartas en el asunto y ha iniciado una investigación para esclarecer los hechos. La advertencia es clara: aquellas personas que se sientan fatigadas o con falta de energía deben buscar la orientación de un médico competente, en lugar de recurrir a prácticas sin respaldo científico. La tragedia en Sonora es un recordatorio severo de la importancia de la regulación en el campo de la salud y de la necesidad de tratamientos que se alineen con evidencias científicas sólidos.
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