El embajador de la República Islámica de Irán en México, Abolfazl Pasandideh, ha emitido un contundente mensaje en respuesta a las recientes amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En un contexto marcado por tensiones internacionales y la búsqueda de un acuerdo, Pasandideh reafirmó el compromiso de Irán de no ceder ante presiones externas, incluso aquellas tan drásticas como la advertencia de Trump de “devolver a Irán a la Edad de Piedra”.
El diplomático iraní describió estas advertencias no solo como retórica política, sino como una manifestación de una visión global fundamentada en la imposición y el dominio. Pasandideh caracterizó a Trump como uno de los líderes más “aterradores” en la esfera actual, acusándolo de querer destruir aquello que no puede controlar. A su juicio, esta actitud representa lo que podría considerarse un “proyecto de crimen de guerra”.
En su disertación, Pasandideh expresó su descontento frente al silencio de la comunidad internacional, comparando la inacción actual con la indiferencia histórica hacia el sufrimiento del pueblo palestino en Gaza. Sugirió que la estrategia de Estados Unidos e Israel hacia Irán se desglosa en tres niveles: el objetivo de dominación completa, el de fragmentación y, por último, debilitamiento a través de la destrucción de infraestructura esencial.
Pese a los intentos de debilitar al país, Pasandideh enfatizó que Irán ha demostrado resistencia tanto militar como social en tiempos de crisis. Esta fortaleza, según él, no se deriva únicamente de la capacidad bélica, sino de una “profunda capacidad civilizatoria” arraigada en la conciencia nacional.
Además, el embajador iraní censuró las acciones de Estados Unidos y de Israel en ataques a infraestructuras civiles, resaltando que estos incluyen hospitales, universidades y centros de investigación, lo que ha llevado a la pérdida de vidas inocentes, incluidos menores de edad.
Con un llamado a la comunidad internacional, Pasandideh advirtió sobre el peligro de lo que él describió como una “escalada de barbarie”, sugiriendo que sus consecuencias podrían tener repercusiones globales. Enfatizó que el mundo y la historia juzgarán el silencio de naciones frente a estos acontecimientos, especialmente de aquellos países occidentales que se presentan como defensores de la democracia y los derechos humanos.
Esta declaración llega en un momento de inquietud internacional y plantea preguntas importantes sobre el futuro de las relaciones entre Irán y Occidente, así como el papel que tendrá la comunidad internacional ante tales crisis.
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