En la dinámica del consumo durante la Cuaresma, donde el pescado sustituye a la carne roja y las familias buscan optimizar su gasto sin descuidar el sabor, los pescaditos fritos de sierra se han convertido en un platillo emblemático de la Ciudad de México. En 2026, esta delicia no solo se disfruta durante las semanas de ayuno, sino que ha ganado popularidad los 365 días del año, gracias a su preparación sencilla y su atractivo estético vinculado a la cocina de mercado.
Lo que distingue a este platillo es la calidad de la técnica y los ingredientes utilizados. El pescado sierra, conocido por su sabor pronounced y precio relativamente accesible en comparación con otras especies, se corta en tiras largas, maximizando su rendimiento y asegurando una fritura adecuada. El resultado es un platillo que combina tradición y practicidad: exteriormente crujiente y en su interior jugoso, ideal para disfrutar al momento, acompañado de limón, sal y salsa picante.
Los ingredientes necesarios para un buen platillo son relativamente simples: se requieren 700 gramos de filete de pescado sierra en tiras, ¾ de taza de harina de trigo, una cucharada de polvo para hornear, una taza de agua mineral o cerveza, sal al gusto y suficiente aceite para freír. Además, se sirve con limones partidos y salsa picante al gusto.
El proceso de preparación es clave. Primero, se sazonan las tiras de pescado con sal. Luego, se mezcla la harina, el polvo para hornear y una pizca de sal. Se incorpora el agua o cerveza hasta lograr una mezcla ligera. Este batido se deja reposar durante 20 minutos para activar el rebozado. A continuación, se calienta el aceite a temperatura media-alta y se fríen las tiras hasta que adquieran un tono dorado. Al sacar el pescado, se escurren sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.
Un aspecto crucial en la elaboración de este platillo radica en la fritura: la temperatura del aceite y la ligereza del rebozado son determinantes. Si el aceite no se encuentra en la temperatura idónea, el pescado puede absorber demasiada grasa; del mismo modo, si el batido es demasiado pesado, la textura se verá comprometida. Este delicado equilibrio es el que asegura que los pescaditos fritos de sierra sigan siendo un antojito de moda, especialmente en una época donde la nostalgia culinaria y la búsqueda de sabores auténticos convergen.
En resumen, los pescaditos fritos de sierra representan no solo un platillo de Cuaresma, sino un símbolo de la identidad culinaria chilanga, que se disfruta por su sencillez y autenticidad. La cuestión de cómo estos alimentos se entrelazan con la cultura y la economía local resuena profundamente, haciendo de cada bocado una experiencia rica en historia y sabor.
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