El panorama de la inversión en infraestructura en México se transforma con la nueva Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar. Un aspecto fundamental para el éxito de esta iniciativa será la interacción con otros instrumentos, como las asignaciones presupuestarias para proyectos y el nuevo Consejo Consultivo interinstitucional, que se constituirá con base en el reglamento que se promulgará tras la aprobación de la ley.
Según el análisis de Jerónimo Ramos, socio del despacho Pérez-Llorca especializado en proyectos de Energía e Infraestructura, se prevé que más del 54% de la inversión estimada para nuevas infraestructuras hasta 2030, superando los 3 billones de pesos, estará destinada a proyectos energéticos. Este incremento se centrará principalmente en la transmisión de energía y la instalación de plantas de generación renovable, tal como ha presentado la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a los inversionistas.
Uno de los aspectos más destacados de la iniciativa legislativa es la flexibilidad en las formas contractuales para los inversionistas privados. Esto permitirá combinar diversos esquemas, como la capitalización a través de fondos de inversión o fideicomisos, con los clásicos contratos de obra pública financiada y figuras similares a los productores independientes de energía. Esta diversidad contractual es prometedora para atraer a empresas, incluidas grandes transnacionales, aunque también se espera que medianas empresas respaldadas por fondos de inversión continúen participando.
El éxito de los proyectos dependerá en gran medida de cómo el sector público defina su rol en cada uno de ellos. Se anticipa que habrá una amplia variedad de proyectos bajo la dirección estatal, cuya financiación se determinará más adelante, conforme se desarrolle el marco normativo correspondiente a esta nueva ley. Los recursos que aportará el Estado para cada proyecto se canalizarán desde el presupuesto de cada ramo, con un énfasis especial en el sector energético que se asignará anualmente a la Secretaría de Energía.
El Consejo Consultivo, que se espera esté completo a más tardar 120 días después de la implementación de la ley, se conformará por representantes de diversas secretarías, lo que puede facilitar una gestión más coordinada y efectiva en la ejecución de proyectos.
Además, es importante señalar que los nuevos proyectos se asignarán preferentemente a través de licitaciones. Aquellos acuerdos de inversión que se hayan establecido antes de la entrada en vigor de la ley tendrán la opción de migrar a los Esquemas de Participación Mixta, previa aprobación de las partes involucradas y del Consejo.
Este enfoque innovador ofrece una clara oportunidad para transformar la infraestructura en informacion.center, aunque el verdadero impacto dependerá de la colaboración entre el sector público y privado, así como de la implementación efectiva de los mecanismos estipulados en la nueva legislación. En un contexto donde la inversión en infraestructura es crucial para el desarrollo económico, el futuro del sector energético podría estar en la creación de un entorno más dinámico y participativo, siempre y cuando se lleven a cabo los procesos adecuados.
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