Hace un siglo, la alfabetización era una de las principales preocupaciones en América Latina. La falta de acceso a la educación primaria, y aún más a la superior, dejaba a una gran parte de la población sin habilidades básicas de lectura y escritura. La generación de aquella época enfrentó el desafío de educar a un pueblo. Hoy, la misión recae sobre la actual generación, que debe ir más allá de la alfabetización básica para contribuir a la mejora de la sociedad.
En una reciente conversación en el Tecnológico de Monterrey, Mirian Vilela, directora ejecutiva de la Carta de la Tierra International y coordinadora de la Cátedra UNESCO en Educación para el Desarrollo Sostenible, abordó la misión de la educación en tiempos de cambio. Según Vilela, el propósito de la educación actual debe centrarse en formar individuos éticos y comprometidos, capaces de enfrentar desafíos globales como el cambio climático y la violencia que asola a muchas sociedades latinoamericanas.
La crisis climática y la polarización de la sociedad actual constituyen algunos de los problemas más críticos. Vilela enfatiza que las universidades, aunque están a la vanguardia en innovación educativa y en la integración de tecnología como la inteligencia artificial, lentamente han descuidado la enseñanza de habilidades interpersonales y éticas. La educación no solo debe preparar a los estudiantes para el mercado laboral, sino también equiparlos para construir puentes en una sociedad fragmentada.
La polarización, manifiesta en la dificultad de convivir y dialogar con quienes piensan de manera diferente, es otro reto que la educación debe abordar. Vilela destaca la necesidad de formar profesionales no solo competentes en conocimientos técnicos, sino también sensibles y capaces de establecer relaciones armónicas. Este desarrollo de la inteligencia emocional es crucial para mitigar la creciente división en nuestras comunidades.
A pesar de los desafíos, Vilela mantiene esperanza. Propone que las universidades incorporen en sus currículos materias que fomenten la ética, el compromiso con la sostenibilidad y la paz, utilizando la Carta de la Tierra como una brújula ética. Este documento basa su estrategia en dieciséis principios que buscan promover un mundo más justo, sostenible y pacífico.
La Carta de la Tierra, respaldada por organizaciones en 90 países, ofrece un marco valioso para educar a las futuras generaciones, convirtiendo la conciencia en acción a través de programas de educación en universidades, como la Universidad para la Paz en Costa Rica.
Al mirar hacia el futuro, es claro que la educación juega un papel central en la construcción de un mundo más cohesionado y responsable. La responsabilidad de crear ciudadanos éticos y comprometidos con el bien común recae en los sistemas educativos, que deben adaptarse a las necesidades de su tiempo y preparar a los individuos para un futuro que requiere tanto conocimiento como solidaridad social.
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