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Los carteles electorales se solapan estos días en las cuidadas y estrechas calles de Tórshavn, la capital de Islas Feroe. Sus habitantes encaran una doble cita con las urnas: el martes participarán en las legislativas danesas; el jueves, en unos comicios que despiertan un interés mucho mayor porque elegirán a los nuevos miembros de su propio Parlamento. Este remoto archipiélago atlántico, integrado en el Reino de Dinamarca, aunque mantiene polémicos acuerdos comerciales con Rusia, ha adquirido un peso creciente en el tablero geopolítico. Y, a diferencia de Groenlandia —que, ante las amenazas de Donald Trump, ha optado por estrechar sus lazos con Copenhague—, en la clase política feroesa ha resurgido con fuerza el sentimiento independentista.
Las Feroe, 18 islas de origen volcánico en pleno Atlántico en las que viven más ovejas que personas, son, junto a Groenlandia, los últimos vestigios del antiguo imperio danés, que en su día controló Islandia y varias colonias en el Caribe, África y Asia. Durante décadas, los partidos del archipiélago se dividieron entre los que defendían la independencia y aquellos que apostaban por mantener, e incluso reforzar, la relación con Copenhague. Esa frontera política, sin embargo, se ha ido difuminando en los últimos años. El año pasado, cinco de las seis fuerzas con representación en el Logting (el Parlamento feroés) suscribieron un acuerdo para impulsar el proceso de autodeterminación. Al menos sobre el papel, pretenden hacerlo sin romper completamente con el Reino, aspirando a “una solución de tres Estados”, una suerte de Commonwealth nórdica en la que Dinamarca, Groenlandia y las Feroe se conviertan en socios igualitarios.

Johan Dahl, un veterano político de 66 años, es uno de los candidatos de Sambandsflokkurin (Partido de la Unión), la única formación que rechaza frontalmente el proceso secesionista. “Tenemos que ser realistas. Si las Feroe se convirtieran en un país independiente, siendo un territorio tan pequeño y en medio de la nada, estaríamos desprotegidos, más aún en los tiempos que corren, y no creo que resultara fácil mantener nuestra calidad de vida”, resume. “Nos conviene mucho más preservar la unión con Dinamarca y Groenlandia”.
Una economía boyante y cada vez menos dependiente de los subsidios daneses ha dado alas al independentismo. Situadas entre Escocia e Islandia, las Feroe son una potencia pesquera de primer orden: capturan cada año más toneladas que Francia y casi tantas como España. Su PIB per cápita supera al de Dinamarca, el paro ronda el 1% y el archipiélago presume de infraestructuras asombrosas, como los túneles submarinos que conectan algunas de sus islas principales e incluso la única rotonda del planeta construida bajo el mar.
En 1946, los feroeses votaron en referéndum a favor de la secesión por un margen ínfimo. Aunque el Parlamento local llegó a declarar la independencia, el rey Cristian X se negó a reconocerla, alegando que, si se incluían en el recuento los votos en blanco y nulos, el apoyo a romper con el reino no alcanzaba el 50%. Dos años después se aprobó la Ley de Autogobierno, que otorgó a las Feroe amplias competencias. Estas se ampliaron de nuevo en 2005, aunque la política monetaria, la justicia, la defensa, la seguridad y buena parte de las relaciones exteriores aún dependen de Copenhague.
Aisladas geográficamente y con un clima extremo —llueve unos 300 días al año y los vientos huracanados son habituales—, las Feroe conservan una identidad política y cultural propia. El archipiélago forma parte de la OTAN, pero no de la UE: cuando Dinamarca ingresó en 1973 en el club comunitario, decidió permanecer al margen para proteger sus intereses pesqueros. Sus habitantes, que descienden mayoritariamente de los vikingos que llegaron a las islas hace más de un milenio, mantienen vivas tradiciones ancestrales, como la polémica caza de ballenas y delfines que cada verano tiñe sus aguas de rojo. Al mismo tiempo, el archipiélago avanza en reformas de enorme calado: el pasado diciembre, el Parlamento feroés aprobó —con 17 votos a favor y 16 en contra— legalizar el aborto libre hasta las 12 semanas, poniendo fin a una de las legislaciones más restrictivas de Europa.

Las Feroe tienen una población de 55.000 habitantes, prácticamente idéntica a la de Groenlandia, aunque su superficie —equiparable a la suma de Menorca e Ibiza— es 1.550 veces menor que la de la gigantesca isla ártica.
“El caso de Groenlandia no es equiparable al nuestro”, subraya Heini i Skorini, profesor en la Facultad de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad de Islas Feroe. “Los subsidios daneses equivalen al 60% del presupuesto groenlandés y en torno al 10% del feroés. Y aquí no existe el resentimiento hacia el antiguo poder colonial tan presente en Groenlandia: no hay periodos tan oscuros en nuestra historia como en la suya —esterilización forzada de mujeres indígenas, niños arrancados de sus familias…—”, desarrolla. “El independentismo feroés se sustenta en razones económicas y en el objetivo de alcanzar una voz propia en distintos organismos internacionales”, aclara.
Su compañero en la facultad, Tór Marni Weihe, experto en seguridad, destaca que el llamado “compromiso nacional” pactado por cinco de los seis partidos feroeses “se redactó de un modo ambiguo para no polarizar a la sociedad. Aunque algunos políticos aseguran en privado que el objetivo es la plena soberanía, ante los medios de comunicación insisten en que lo que buscan es una profunda reforma de la relación entre las tres naciones que forman el Reino. Pero incluso eso supone un cambio radical respecto a hace cinco años, cuando casi todas las formaciones rechazaban la independencia”.
En enero, estaba previsto que el Gobierno de Tórshavn reiniciara las negociaciones con el de Copenhague para ampliar aún más la autonomía del archipiélago. Sin embargo, los planes cambiaron cuando Trump intensificó sus amenazas de anexionar Groenlandia a Estados Unidos. Ante una situación tan delicada, el Ejecutivo feroés optó por posponer las conversaciones. “Algunos políticos defendieron lo contrario. Dijeron que, ya que el Ejecutivo danés estaba en una posición tan vulnerable, era el momento de ejercer más presión y lograr los objetivos, pero dudo mucho que Dinamarca hubiera hecho muchas concesiones. De hecho, creo que habrían contestado: ‘Mañana retiramos todas las subvenciones y dejamos de ocuparnos de vuestra seguridad y defensa. Suerte”, sostiene Heini i Skorini.
Acuerdos con Rusia
Las autoridades feroesas aparcaron las negociaciones con Dinamarca, pero al mismo tiempo prorrogaron un polémico acuerdo pesquero con Rusia para el intercambio de cuotas. El pacto, en vigor desde 1977 y renovado anualmente, permite a los pescadores feroeses capturar bacalao en el mar de Barents, y a los rusos, pescar bacaladilla cerca del archipiélago danés.
La relación entre Tórshavn y Moscú ha levantado ampollas en Bruselas en las últimas décadas. La UE prohibió en 2013 la importación de arenque y caballa procedentes de Islas Feroe, tras considerar que su pesca desmedida ponía en peligro la sostenibilidad de estas especies. Además, vetó a los barcos del archipiélago el acceso a los puertos comunitarios, incluso a los daneses. Al año siguiente, tras la anexión de la península ucrania de Crimea, el Gobierno feroés optó por no sumarse a las sanciones occidentales contra Rusia, y por lo tanto las islas —que quedaron excluidas de las contrasanciones de Moscú— pudieron mantener sus exportaciones de pescado al país euroasiático, que habían crecido exponencialmente durante los meses del boicot que le impuso Bruselas.
“Considero injustas las críticas por mantener las exportaciones pesqueras a Rusia”, apunta Weihe. “Dinamarca y Bélgica, entre otros países, todavía importan mucho acero ruso. Y eso implica financiar la maquinaria de guerra. Nosotros solo le vendemos pescado, y los alimentos no están incluidos en las sanciones occidentales”, argumenta. El experto también defiende mantener el acuerdo bilateral de pesca con Moscú: “Si no estuviera en vigor, los rusos simplemente pescarían en nuestras aguas tanto como quisieran. Y no seríamos capaces de impedirlo”.

Atli Gregersen, cofundador de Hiddenfjord, una empresa que se dedica a la cría de salmones, sí decidió poner fin a las ventas a Rusia. “Durante años ingresamos mucho dinero con esas exportaciones, pero tras la invasión de Ucrania [en febrero de 2022], optamos libremente por cortarlas de raíz”. Al veto se sumaron las otras dos compañías feroesas que practican la salmonicultura. A diferencia del resto del sector pesquero, que rechaza integrarse en la UE para evitar que barcos franceses, españoles o portugueses faenen en sus aguas, estas tres empresas, que en total exportan más de 120.000 toneladas anuales, apuestan claramente por la adhesión a la Unión para tener acceso al mercado único.
El interés de Moscú en las Feroe no se limita a las importaciones de salmón y a las cuotas pesqueras acordadas bilateralmente. “Los rusos son conscientes de que las Feroe son potencialmente útiles para tratar de desestabilizar el Reino de Dinamarca”, destaca Weihe. Además, el archipiélago danés se ubica en la llamada brecha GIUK (la zona entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido), un corredor marítimo cuyo control y vigilancia resulta esencial para la OTAN, ya que es la vía por la que los submarinos rusos pueden cruzar del Ártico al Atlántico.
“Antes de la invasión de Ucrania, entre cero y cinco buques de guerra surcaban las aguas feroesas cada año; ahora pueden llegar a ser hasta 20. Y ese es un indicador empírico que muestra el aumento del tráfico militar en la zona”, agrega su colega Skorini. “Hace cinco años habría sido un escenario de ciencia ficción ver un submarino estadounidense de propulsión nuclear emerger frente a Tórshavn. Ahora no diría que es algo común, pero lo ves de vez en cuando”.
Magni Arge, exdiputado en el Parlamento danés y una de las figuras más influyentes en el movimiento independentista feroés, confía en que la secesión es cuestión de tiempo. El político, de 66 años, concluyó recientemente una tesis doctoral sobre cómo interpreta Dinamarca el derecho a la autodeterminación de sus antiguas colonias. “La crisis de Groenlandia nos ofrece una oportunidad que no podemos desaprovechar. No tengo nada en contra de los daneses, ni siquiera considero prioritario romper con el Reino, pero sí necesitamos mayor libertad para actuar en el ámbito internacional. Y el único modo de obtenerla es convertirnos en un Estado independiente”, sentencia.
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