Las peleas de gallos, una práctica arraigada en diversas culturas, se han convertido en un foco de atención debido a su conexión con actividades delictivas en Estados Unidos y México. Según investigaciones recientes, estos eventos no solo son espectáculos de apuestas ilegales, sino que actúan como nexos para el narcotráfico y el lavado de dinero.
Desde hace más de cuatro décadas, los criaderos de gallos de pelea en Estados Unidos, especialmente en estados como Texas, Oklahoma, Luisiana y Arizona, han proliferado a pesar de las leyes federales que prohíben su operación. Estos criaderos producen millones de aves anualmente, muchas de las cuales son destinadas a México, donde las peleas de gallos son legales en algunas regiones. De hecho, México es el principal receptor de estas aves, creando un mercado que involucra a carteles y organizaciones criminales.
Wayne Pacelle, presidente de Animal Wellness Action, advierte que el comercio ilícito relacionado con las peleas de gallos se ha intensificado con el aumento del transporte aéreo y terrestre entre ambos países. Los criadores estadounidenses proporcionan cientos de miles de aves a grupos criminales mexicanos, vendiendo ejemplares a precios que alcanzan hasta 5,000 dólares por trío, lo que también implica un vínculo con el tráfico de drogas y armas.
Los lugares donde se realizan estas peleas suelen estar situados en ciudades fronterizas, muchas de las cuales son operadas por carteles como el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación. Estos eventos no solo sirven como plataformas para resolver disputas entre criminales, sino que han sido escenario de violencia extrema, incluyendo tiroteos masivos que han dejado numerosas víctimas, como el ataque en Michoacán en marzo de 2022, donde 20 personas perdieron la vida.
A pesar de que muchos estados de México han prohibido estas peleas, en otros son una tradición cultural arraigada. El activismo contra esta práctica ha crecido, con numerosos llamamientos para que tanto los gobiernos de Estados Unidos como de México reconozcan la gravedad de la situación y la crueldad que conlleva. La conexión entre las peleas de gallos y las grandes redes del crimen organizado es innegable y plantea serias preocupaciones sobre la seguridad y el bienestar animal.
Las ONGs que luchan contra este fenómeno insisten en que desmantelar las peleas de gallos podría hacer que los países sean más seguros. Los líderes de estas organizaciones argumentan que la erradicación de esta práctica es un paso necesario hacia un cambio significativo en la lucha contra la violencia relacionada con las apuestas ilegales y la delincuencia organizada.
Las peleas de gallos son una exhibición de violencia encubierta por el velo de la tradición, y al exigir la erradicación de estas prácticas, se busca un mundo donde el respeto por la vida, tanto humana como animal, predomine. La lucha contra este problema sigue siendo crucial, y las acciones de las autoridades en ambos lados de la frontera serán determinantes para el futuro de estas aves y la seguridad en la región.
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