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La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha recogido el guante del Rey español, Felipe VI, y ha reconocido el “gesto de acercamiento” que tuvo el día anterior, durante su visita a la exposición de mujeres indígenas que México envió a España en otoño. El jefe de Estado dijo entonces que “hubo mucho abuso” y “controversias éticas” en la colonización de América por parte de los conquistadores, la mayor concesión hasta la fecha por parte de la Casa Real. La mandataria ha valorado el gesto, “a diferencia de hace varios años”, ha dicho, “donde ni siquiera se reconoció la carta que envió el presidente [Andrés Manuel] López Obrador”, en la que exigió el perdón de España por los desmanes de aquel periodo. La rotunda negativa del país europeo provocó, como ha reconocido la propia Sheinbaum en su conferencia matutina este martes, el “enfriamiento de las relaciones”, que ya comienzan a descongelarse.
El gesto de acercamiento de Felipe VI no ha llegado del todo por sorpresa. Los dos países han ido limando asperezas en el último año y España ha tenido varios guiños con México que buscaban allanar el terreno para reconducir la relación política, el ámbito donde el desencuentro ha sido más patente. Algunos han sido más sutiles, como la concesión de los premios Princesa de Asturias a la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide (el de las Artes) y al Museo Nacional de Antropología mexicano (el de la Concordia). Otros se aproximan con prudencia a la exigencia que López Obrador puso sobre la mesa en 2019: la petición explícita de perdón por parte de España por la Conquista de América, un tema que pasó de ser marejada de fondo a ocupar la primera línea política.
El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, ya dio un primer “paso” en esa dirección, como lo calificó entonces la mandataria mexicana. El responsable público reconoció en octubre pasado el “dolor e injusticia hacia los pueblos originarios” durante la colonización. “Hubo injusticia, justo es reconocerlo y lamentarlo. Esa es parte de nuestra historia compartida, no podemos negarla ni olvidarla”, agregó en la que había sido hasta ahora la mayor concesión por parte de España, de la que la Casa Real había quedado al margen. El mensaje de Albares tuvo lugar, precisamente, en la inauguración de la exposición que este lunes visitaba el Rey y que ha servido por segunda ocasión como escenario para la diplomacia.
Ese ha sido, en términos generales, el papel que ha desempeñado la cultura en los últimos años, acercar lo que estaba lejos y servir como puente de unas relaciones que en el terreno social viven un momento de esplendor. Además de los Princesa de Asturias, la Feria del Libro de Guadalajara (FIL), el mayor evento literario en español del mundo, que se celebra en México cada diciembre, ha tenido como invitados de honor durante los últimos dos años a España y a la ciudad de Barcelona, con éxitos rotundos de ambas convocatorias. A la inversa, Fitur, la gran feria de turismo en Madrid, ha tenido en su última cita a México como país invitado.
Todo ello ha ido abonando el terreno para que las declaraciones del Rey de este lunes tuvieran lugar. “Uno puede decir, no fue todo lo que hubiéramos querido, pero es un gesto de acercamiento, un reconocimiento de excesos, exterminios que hubo durante la llegada de los españoles. Yo creo que hay que reconocerlo y seguir avanzando en el diálogo”, ha completado Sheinbaum, para la que el mensaje público tiene un valor mayor por las propias críticas que ha recibido por parte de la derecha española, contraria a cualquier complicidad en este tema.
El camino recorrido hasta aquí ha sido largo. El rechazo de España a la carta de López Obrador hace siete años fue considerado un desaire por el mandatario, para el que la Conquista se había convertido en una línea roja de la política exterior. El Gobierno español, en contraste, siempre ha buscado enmarcarlo a en el ámbito histórico, ajeno a las relaciones del presente. La cuestión se fue enconando hasta el punto de que el presidente español, Pedro Sánchez, no fue ni mandó representación a la investidura de la mandataria mexicana en octubre de 2024, a la que México no había invitado al Rey. En el libro de memorias de Sheinbaum, la presidenta reconoce que Sánchez trató de convencerla de que extendiera una invitación al jefe de Estado, pero ella le reconvino que “no era el momento adecuado”.
Lejos queda ahora aquel episodio que ilustró como ningún otro hasta qué punto las relaciones formales entre los dos países se habían enrarecido. También dejó patente que la cruzada de López Obrador por esta cuestión no iba a quedar enterrada en el sexenio anterior. En un tono más conciliador, su sucesora ha mantenido una firmeza que demuestra que este no es un tema menor, al menos para un sector político que encuentra su eco también en un sector de la población. Los pasos dados hasta ahora en ambas direcciones hablan del mayor acercamiento desde que Morena, el partido gobernante en México, llegó al poder. Muy difícil se antoja todavía que, como heredera de la Corona, la Casa Real española vaya a reconocer ninguna responsabilidad directa en la Conquista, el punto de quiebre entre los responsables de ambos países, que no han logrado salvar la última distancia que los separa.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación.
























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