La atmósfera del primer día del festival Vive Latino 2026, celebrado en el estadio GNP, fue electrizante y casi espiritual. La aparición de Lenny Kravitz, quien se presentó como el “ministro del rock and roll”, cautivó a miles de asistentes que vitoreaban al unísono el mantra “Leeet looove ruuule” mientras el icónico músico caminaba por el pasillo central, estrechando manos y permitiendo que el público lo tocara. Una asistente, visiblemente emocionada, expresó la atmósfera especial del evento: “Me siento en una iglesia, oremos”.
Kravitz, con 61 años y originario de Manhattan, aportó un sonido poderoso y nostálgico, recordando los inicios del rock en los años noventa. Su presencia marcó la diferencia en un cartel ya repleto de talentos. Combinaron su energía con los rasgueos enérgicos de Craig Ross, su guitarrista, y la fuerza imbatible de Jas Kayser en la batería, creando una experiencia sensorial única que incluyó llamas y una conexión palpable entre los músicos y el público.
El festival, prueba de su diversidad generacional, vio no solo a Kravitz en el escenario principal, sino también a grupos de distintas épocas y estilos. Desde Alcalá Norte, representando el post-punk español, hasta el mestizaje sonoro de Cuco en el ámbito del R&B y lo-fi. Enanitos Verdes, un clásico del rock latinoamericano, y Nacho Vegas, con su fusión de rock y folk, también enriquecieron la jornada con su legado.
Una de las nuevas propuestas, Madreperla, un grupo mexicano con un elenco de músicos ya afianzados, deleitó al público con su debut, donde la vocalista Cecilia Toussaint y sus compañeros celebraron su llegada con un sonido que evocaba el esplendor del rock nacional. Mientras la tarde cedía paso a la noche, los ritmos del conocido Juanes y el Gran Combo de Puerto Rico cerraron la jornada con un espectáculo vibrante, realzando la mezcla de géneros que caracteriza a Vive Latino.
Los organizadores calcularon que el evento atraerá alrededor de 75,000 asistentes diarios, sumando un total de aproximadamente 150,000 durante su transcurso. La audiencia, un reflejo de la diversidad cultural y generacional, variaba entre jóvenes de 20 años y adultos de hasta 60, creando una comunidad vibrante y animada.
El ambiente fuera del recinto también aportaba a la experiencia: vendedores ofreciendo bebidas a precios más accesibles, nubes de aromas y el bullicio característico de un evento de esta magnitud. Las caminatas interminables entre escenarios, las emociones intensas durante las actuaciones y las interacciones tanto de los asistentes como de los artistas contribuyeron a un festival que, más allá de la música, se sentía como un ritual compartido.
La magia que envuelve a Vive Latino no se limita a sus artistas; se extiende a una audiencia que celebra el arte en todas sus formas, convirtiendo cada presentación en una experiencia colectiva inolvidable, reafirmando el compromiso del festival con la diversidad y la creatividad musical.
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