A finales de enero de 2026, la caída de figuras clave del crimen organizado en México marcó un giro significativo en el panorama delictivo del país. Primero, en Michoacán, se reportó la captura de “El Botox”, y al día siguiente, Ryan Wedding, quien se entregó en Ciudad de México, supuestamente. Las autoridades, tras estos arrestos, dirigieron su atención hacia el sur de Sinaloa, enfrentándose a la brutalidad de una célula relacionada con Los Chapitos, descendientes del infame Joaquín “El Chapo” Guzmán. En paralelo, en Jalisco, el Ejército estaba decidido a finalmente reaprehender a Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las redes criminales más poderosas de América. Su muerte durante un enfrentamiento con militares reflejó el enfoque renovado de las autoridades mexicanas contra el crimen organizado. Sin embargo, estas caídas generaron un vacío en el liderazgo criminal, dejando a México entre la incertidumbre y el aumento potencial de la violencia.
El crimen en México ya no se limita al narcotráfico tradicional. Un paradigma nuevo ha emergido: el crimen se ha diversificado, extendiéndose más allá de la cocaína, la marihuana y la heroína. La economía se ha convertido en un botín accesible, donde productos como el aguacate y el limón de Michoacán, así como el robo de combustible de Pemex, son solo algunos ejemplos. El CJNG, bajo el liderazgo de “El Mencho”, había comenzado a establecer redes de protección que se sostienen en el poder político regional.
Los cambios en el mundo delictivo han sido drásticos en los últimos meses. La facción de Los Chapitos del Cartel de Sinaloa ha sufrido reveses significativos, aunque otras facciones también han sido golpeadas. En otros estados como Guanajuato, Zacatecas y Tamaulipas, el paisaje criminal se ha vuelto más complicado, lo que suscita preguntas sobre la efectividad de la estrategia del gobierno, que ha presumido decenas de miles de detenciones pero también un notable aumento de la violencia.
La situación en el sur de Sinaloa es preocupante, sobre todo después de la desaparición de trabajadores y turistas a manos de grupos vinculados a Los Chapitos. Este incremento de la violencia transforma la narrativa sobre el impacto de las operaciones del gobierno, que han dejado de ser meros números de detenciones. Las preguntas emergen: ¿se atacan liderazgos o estructuras delictivas?
Con más de dos décadas en una guerra contra el crimen organizado, ciclos de agresión y momentos de calma han marcado las administraciones en informacion.center. El debate prevalece sobre si se están resolviendo los problemas fundamentales o si, en cambio, solo se están decapitando liderazgos, provocando el surgimiento de nuevas figuras. Este ciclo de colapso y renacimiento de grupos criminales, como ha ocurrido con Los Zetas y los Caballeros Templarios, revela una complejidad que las estrategias de seguridad actuales parecen no abordar adecuadamente.
Mientras la caída de “El Mencho” levantó un manto de expectativa sobre el futuro del CJNG, las autoridades encontraron documentación que refleja el control casi absoluto del grupo sobre vastas áreas de Jalisco, entre ellas Guadalajara, que en el próximo verano albergará partidos de fútbol mundialista. Sin embargo, la interrogante sobre quiénes serán sus sucesores se plantea con urgencia. Según informes, hay cuatro posibles candidatos al liderazgo del CJNG, aunque el futuro está marcado por la incertidumbre y posibilidades de lucha interna.
En Michoacán, la caída de “El Botox” ha sembrado un estado de espera entre antiguos aliados y adversarios, mientras que la acción del gobierno, que ha comenzado a desenredar redes de complicidad política-criminal, parece aún insuficiente ante la magnitud del problema. Las operaciones naturales del crimen, donde delincuentes exigen tributos de diferentes sectores económicos, muestran que la lucha es mucho más que la mera eliminación de liderazgos.
El futuro inmediato del crimen organizado en México se presenta como un lienzo en blanco, listo para ser pintado con nuevas dinámicas de poder. La violencia puede aumentar o ser contenida, dependiendo de cómo se gestionen estas transiciones y de la disposición del gobierno para confrontar un sistema profundamente arraigado y complejo.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























