Cold plunging ha alcanzado un auge sin precedentes, y es difícil encontrar un influencer que no haya compartido ya su experiencia con el famoso baño helado. Cada atleta de Hyrox y su círculo parecen abrazar esta tendencia hiperbárica, emocionados por los supuestos beneficios que esta práctica promete.
Según Danny King, director de rendimiento y recuperación en Life Time, el fenómeno ha trascendido el ámbito del fitness de élite: “Ahora, cualquier persona, incluso quienes apenas hacen ejercicio, se sienten atraídos y comentan sobre el tema”.
No sorprende que el cold plunge haya capturado la atención del público en general. Diferentes marcas y empresas han promovido intensamente sus ventajas, tales como la aceleración de la recuperación muscular, la reducción de la inflamación, la mejora de la circulación y el aumento de la inmunidad. Las promesas de beneficios casi mágicos, que aseguran mejorar la salud mental y general, son irresistibles.
Sin embargo, es fundamental aclarar que, tras años de marketing agresivo, la ciencia comienza a aportar información más clara. Se han realizado nuevas investigaciones que ofrecen un análisis riguroso sobre lo que realmente puede —y no puede— lograr el cold plunging en el ámbito de la salud física y mental.
Pese a su creciente popularidad, los expertos advierten que los efectos positivos pueden no ser como se ha publicitado. “Existen algunos beneficios, pero no necesariamente de la manera en que se nos ha llevado a creer”, afirma el Dr. William B. Workman, cirujano ortopédico en California.
Uno de los hallazgos más sorprendentes es que el cold plunging podría incluso ser contraproducente para aquellos que buscan aumentar su masa muscular. Un estudio publicado en el European Journal of Sport Science en 2024 concluyó que esta práctica puede, efectivamente, obstaculizar la síntesis de proteínas necesaria para el crecimiento muscular.
El Dr. Brad Schoenfeld, profesor de ciencias del ejercicio, dice que “la mayor conclusión fue que la inmersión en agua fría amortigua la respuesta hipertrofia”. Los estudios revisados demostraron que, en comparación con los grupos que no usaron inmersión en agua fría después de entrenar, aquellos que sí la utilizaron mostraron menos crecimiento muscular.
Aunque todos los estudios examinaron la inmersión en agua fría inmediatamente después del entrenamiento, el Dr. Schoenfeld menciona que el tiempo podría no ser un factor determinante. Las proteínas musculares pueden permanecer sensibles a la construcción durante más de 24 hasta 48 horas después de entrenar, lo que significa que cualquier tipo de inmersión fría podría afectar negativamente aún si se realiza varias horas después.
A medida que el interés en el cold plunge continúa creciendo, es esencial entender la evidencia científica detrás de esta práctica, manteniendo un enfoque equilibrado sobre sus beneficios y limitaciones.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























