Los precios del oro alcanzaron una cifra histórica, superando la barrera de los 5,500 dólares en el mercado el 28 de enero de 2026. Este notable incremento, que llegó a más de 300 dólares en el comercio asiático, se desencadenó después de que el presidente estadounidense Donald Trump emitiera una contundente advertencia hacia Irán, sugiriendo la posibilidad de un ataque militar. Trump instó a las autoridades de Teherán a negociar un acuerdo sobre su controvertido programa nuclear, que, según diversas naciones occidentales, estaría orientado a desarrollar armas nucleares.
Utilizando su plataforma Truth Social, el mandatario expresó que “el próximo ataque será mucho peor”, refiriéndose a un bombardeo llevado a cabo en junio del año anterior. Esta escalada de tensiones llevó a Estados Unidos a movilizar una flota compuesta por diez buques de guerra hacia Oriente Medio, tras la llegada del portaaviones USS Abraham Lincoln. La respuesta de Irán no se ha hecho esperar, advirtiendo que tomarán acciones frente a cualquier ofensiva militar de Washington en su territorio.
En este clima de incertidumbre, el interés por el oro, tradicionalmente considerado un refugio seguro, ha crecido. El analista de mercados Stephen Innes comentó sobre el fenómeno: “El oro es el inverso de la confianza. Cuando se debilita la confianza en la coherencia de las políticas, el oro deja de comportarse como una cobertura y pasa a ser una alternativa. Eso es lo que estamos viendo ahora. No es miedo a una recesión”.
Las repercusiones de estas tensiones no se limitaron al oro. El precio del petróleo también registró un aumento significativo, con el West Texas Intermediate alcanzando su valor más alto desde septiembre y el Brent del mar del Norte tocando niveles que no se observaban desde agosto. Este aumento se deriva del temor respecto al suministro de crudo procedente de Oriente Medio, una región crítica para la producción energética global.
Mientras tanto, las bolsas asiáticas mostraron resultados negativos, con caídas notables en mercados clave como Tokio, Hong Kong, Shanghái, Sídney, Yakarta y Seúl. Este panorama global resalta la interconexión entre la política internacional y los mercados económicos, donde cada amenaza conlleva consigo una respuesta palpable en los precios de las materias primas y la estabilidad financiera.
Con el auge del oro y el petróleo, la situación en Oriente Medio continúa recibiendo la atención de analistas y mercados, mientras los actores globales observan de cerca el desarrollo de estos eventos que podrían transformar el escenario económico mundial.
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