La policía había cerrado una burbuja de seguridad en torno a la tribuna principal del desfile de la Fiesta Nacional, que se ha celebrado esta mañana en Madrid, y había alejado al público unos 100 metros del lugar donde se encontraban las autoridades. Pero eso no ha impedido que, un año más, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, haya sido abucheado y que los gritos de “¡Fuera!” y “¡Dimisión!” hayan resonado en el paseo de La Castellana, donde se han congregado miles de personas, pese a que se había recomendado seguir la parada militar por televisión, ya que la pandemia, aunque en retroceso, no está definitivamente derrotada.
Pedro Sánchez no ha aparecido hasta el último momento, cuando el vehículo en el que llegaban los Reyes ya descendía por el Paseo de la Castellana y las restantes autoridades —la ministra de Defensa, Margarita Robles; la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso; el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida; y el jefe de la cúpula militar, almirante Teodoro López Calderón— esperaban al jefe del Estado a pie de tribuna. Cuando se ha anunciado por megafonía que el presidente del Gobierno recibiría al Monarca han comenzado los abucheos, audibles pese a la distancia. Se han repetido al término del acto, en el momento en que se alejaban los vehículos de escolta de la Casa Real, a los que parte del público ha confundido con los del Gobierno. Como a su llegada, el coche que llevaba a Sánchez ha salido discretamente por una calle lateral. Desde los balcones de un edificio situado junto al Santiago Bernabéu, uno de los barrios más caros de España, le han llovido insultos de tono tabernario.
El desfile ha vuelto este 12 de octubre a su tradicional escenario de La Castellana, después de que el año pasado tuviera que reducirse a un acto estático confinado en el patio de armas del Palacio Real debido a la covid. La parada militar ha tenido un formato más reducido, ya que solo han participado 2.656 militares (frente a los 4.200 de 2019), además de 115 vehículos (150 hace dos años) y 68 aeronaves, entre aviones y helicópteros (76 entonces).
El recorrido también ha sido algo más corto (de menos de dos kilómetros), entre la plaza de Cuzco y la calle de Raimundo Fernández Villaverde, y no han circulado vehículos de cadenas, como carros de combate. Al contrario de lo sucedido en 2019, cuando un paracaidista quedó enganchado en una farola, la Papea (Patrulla Paracaidista Acrobática) del Ejército del Aire ha depositado frente a la tribuna, con precisión milimétrica, una bandera de España de 54 metros cuadrados, que ha presidido el acto. Una vez más, el cierre ha correspondido a la Patrulla Águila, que por dos veces ha pintado el cielo madrileño de rojo y gualda.
El desfile ha sido presidido por Felipe VI, que vestía uniforme de capitán general del Ejército de Tierra, acompañado de la reina Letizia, con vestido azul, y la infanta Sofía. La gran ausente ha sido la princesa Leonor, que estudia bachillerato en un internado en Gales (Reino Unido); viajar a España la obligaría a guardar cinco días de cuarentena a su regreso.
En la tribuna de políticos estaban, entre otros, los líderes del PP, Pablo Casado, y de Vox, Santiago Abascal, que no se han dirigido la palabra. Han permanecido en pie la mayor parte del desfile, quizá porque la decisión de Zapatero de quedarse sentado al paso de la bandera de EE UU el desfile de 2003 la pagó con críticas durante años. En otra tribuna se encontraban, sentados, los presidentes autonómicos, salvo el vasco Iñigo Urkullu y el catalán, Pere Aragonès, ausentes habituales, además del gallego Alberto Núñez Feijóo y el castellano-manchego Emiliano García-Page, que excusaron su presencia.
El lema de esta edición de la Fiesta Nacional ha sido “Servicio y compromiso”, en referencia a la intervención de los servidores públicos frente a crisis como la provocada por la pandemia, la tormenta Filomena o la erupción del volcán de La Palma. Como cada año, la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha mantenido a primera hora una videoconferencia con los contingentes militares españoles desplegados en el exterior, a los que ha felicitado por la labor que realizan y por poner “el pabellón de España muy alto”.
La novedad, que iba a ser la presencia del prototipo del nuevo blindado de ruedas 8×8 Dragón, se ha caído a última hora del programa, según fuentes militares. El mando del desfile ha correspondido esta vez al general jefe de la Brigada Paracaidista (Bripac) y, junto a los tres ejércitos, han desfilado efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), Guardia Civil, Cuerpo Nacional de Policía, Salvamento Marítimo y Servicio de Vigilancia Aduanera.
Tras el desfile, los Reyes han ofrecido una recepción en el Palacio Real aunque, debido a las restricciones sanitarias, se ha suprimido el tradicional cóctel y se ha recortado el número de invitados a menos de 200, frente a los casi 1.500 de 2019. El pasamanos —saludo protocolario a los Reyes— ha durado poco más de 10 minutos, se ha limitado a un gesto a distancia y del mismo se ha ausentado el ministro de Consumo, Alberto Garzón, quien sí ha acudido al desfile, al igual que los otros ministros de Unidas Podemos, salvo el titular de Universidades, Manuel Castells, por motivos de salud. Tampoco ha estado en ninguno de los actos la ministra de Industria, Reyes Maroto, de viaje en Italia.
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